Sunday, December 23, 2012

The Big Crush Theory



Por: Perro

El pseudoexistencialismo se ha vuelto un sitio común, un consuelo recurrente para apaciguar, justificar o aminorar ciertas conductas y problemáticas que se encuentran en la vida diaria. Pero ¿hasta qué punto este escudo, esta disculpa, brinda un verdadero regocijo, un alivio, para todo aquello con lo que no queremos, o podemos, lidiar? Recuerdo que cuando era chico, la forma de afrontar el dolor (físico) consistía en recordar que en un tiempo, unos días, ese dolor habría desaparecido para siempre. En ocasiones la gente finca sus esperanzas en la esperanza última: que esa situación termine. Pero las preguntas (pseudo)existencialistas dieron lugar a razonamientos –su validez no será discutida en este texto- cuya propuesta puede mover las motivaciones personales a un camino sin final. La esperanza en la desesperanza de la esperanza.

Podemos esperar a que el dolor pase (“el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, decía Siddhārtha Gautamá). Se puede esperar a que mejore el clima, el ánimo, a que termine este año, este período de tiempo, este sexenio. Hay quien pretende la muerte pasivamente, y da por sentado que esta vida es sólo una transición a un espacio-tiempo distinto, mejor.  Así, se puede aguardar al término de la vida con la promesa de otra oportunidad. Reset. Y si todo termina, si todo llega a su fin, ¿para qué hacer?

El final definitivo, de acuerdo con ciertas propuestas físicas actuales, podría ser el final del universo mismo. Se propone que uno de esos finales será una reversión al estado inicial supercompacto de densidad infinita por acción de la gravedad. Este desenlace en particular no deja lugar para salvar evidencia alguna de nada cuanto acontece, aconteció y acontecerá en ningún rincón. Y entonces, todo lo que se haga, bueno o malo, todos tus triunfos, todos tus fracasos, los errores y los aciertos, las decisiones útiles y las inútiles, los engaños, las mentiras, las notas de cordura, todas tus locuras; las historias, los miedos, las demasiadas generaciones que pesan sobre todos desde el pasado, y la responsabilidad de las venideras; la evolución, la música, la guerra, la iglesia, el dinero, los 10 000 actos de bondad de Gould, las familias, las relaciones que terminan, los accidentes, cada muerto, cada especie extinguida, cada enfermedad combatida, cada comentario fuera de contexto, las vergüenzas, los momentos épicos, las peleas, las visiones, las ideas, las teorías, la arquitectura, el conocimiento, los secretos, los premios, las deudas, las urnas robadas, las voces excluidas, la discriminación, los reclamos, la tortura, la historia, el plagio, la fama, el efímero reconocimiento, los resultados, las fobias, los recuerdos, los gritos, las invenciones, la mitología, las explicaciones, los pretextos, las recetas, los olvidos, las condenas, los orgasmos, las cirugías, la poesía, los dolores, las preocupaciones, las primeras veces, las últimas veces, las despedidas, las discusiones, la posteridad, las apuestas, los consejos, los atardeceres, las lágrimas derramadas, los préstamos, lo peor y lo mejor de esta historia, de esta especie, de esta realidad, todo, se compactará sobre sí mismo y no quedará rastro alguno de nuestra existencia. Los nuevos universos potenciales que se generen después de ese Big Crush serán ajenos a todo cuanto ocurrió, de la misma manera en que nosotros lo somos no de universos pasados, sino de lo que ocurre en este momento dentro de este universo, fuera de nuestra galaxia, fuera de nuestro sistema solar, fuera de nuestro planeta, de nuestro país, de nuestra comunidad, fuera o más allá del lugar donde respiras en este momento. Esta frontera de eventos nos permite hacer consciente lo vasta e insignificante que es la existencia. Desde esta perspectiva, la evidencia del absurdo al tratar de encontrar una posición y una explicación de la situación de la consciencia humana en el contexto del universo es abrumadora. Los grandes problemas de la humanidad resultan insignificantes no por carecer de importancia, sino por la facilidad que supondría su resolución en tanto producto de la historia –mínima- de sus actores. Y más ridículamente ínfimos se antojan los eventos personales, intrascendentes más allá de unas cuantas personas; problemas propios de las relaciones humanas, nacidos del hecho de discutir a la persona, de criticar al otro como ajeno a la vivencia diaria, de ese egoísmo de querer que las cosas salgan como uno –seguro conocedor de su posición en el universo- supone, o asume, que deben de salir.

¿Qué hacer? Vivir y abarcar tanto de esta existencia espaciotemporal como sea posible. Independientemente de que creas que hay otro plano existencial posterior a éste, o que no lo haya, que exista un futuro u otra dimensión, o que la frágil vida termina y con ella toda posibilidad… no somos conscientes de su presencia. Se puede pensar que están ahí, esperándonos, pero eso no demuestra su existencia. Vive hoy. Procura no quedarte con ganas de nada. Total, si es un error o un acierto, al final, no persistirá. No es, empero, una invitación a la falta de consideración y consciencia de los actos; una justificación al comportamiento desmedido que afecta a terceros.

Bien dicta la sentencia: quien mata el tiempo, no es un homicida, es un suicida.

Friday, October 26, 2012

No pienso regresar.



Por: Perro

Fue uno de los funerales más épicos (si se me permite la expresión) que jamás haya vivido. Era una luchadora. Una auténtica guerrera. Ni el cáncer, ni su padecimiento obstructivo crónico de las vías respiratorias, ni la muerte de su marido en un momento clave, fueron capaces de quebrarla. Pero esta semana, su corazón decidió que ya no más. Camelia y yo nos tomamos de la mano cuando nos trajeron sus cenizas. No tenía hijos, pero tenía tantos alumnos que sus familiares eran superados por una proporción de 9:1. Parece ser que la gente con la que compartía más genética no entendía de dónde salían tantas lágrimas de esa anciana aburrida, que no hablaba en las reuniones familiares más que de premios, tesis, publicaciones y congresos. Cuando iba. El séquito de desconocidos compartiendo historias y sollozos parecía interminable. Más de un sobrino tuvo que rectificar la sala de velación al no reconocer a nadie inmediatamente después de entrar al recinto.

Es muy difícil vaciar una casa llena de tantos recuerdos, de tantos logros, de tantas vivencias. Al llegar, su doctorado Suma cum laude fue lo primero que se vislumbró por entre los juegos de luces y sombras que el atardecer plasma momentáneamente en las paredes de su antiguo recinto. Poca familia –no puedes llegar a los 69 años con tanta historia y suficiente cariño de hogar- arribó para llevarse las cosas menos valiosas: sus joyas, un automóvil que prácticamente no usaba, una colección de libros antiguos, un boceto de Cézanne –nunca supimos cómo se hizo de él, pero sospechamos que fue una aventura en París-, un par de carpetas con datos de bancos para sacar el frío dinero. Camelia se acercó a la repisa del pasillo que llevaba a su habitación y tomó un álbum de fotografías: fue entonces que nos percatamos que habíamos vivido demasiado.

No sé cuántas botellas de vino rosado espumoso habremos bebido con ella; botellas de tequila, botellas de ron. Creo que hasta botellas de anís. No pocas veces masticó tabaco. Un  verano al comienzo de la década de los 70 nos llevó en un viaje express a Veracruz. Llegamos al atardecer, brincamos del malecón y rodamos por la arena hasta unos 5 metros del mar. Mientras contemplábamos el océano, de la nada, sacó un par de cigarrillos de marihuana. ¿Dónde los guardó? Nunca supimos. Esa noche acabamos bebiendo con un grupo de canadienses del que tuvimos que escapar al día siguiente cuando una de las chicas notó que su novio había pasado la noche con Anna y conmigo.

Siempre estuvo en su camino Raúl, quien tuvo la imprudencia de morir demasiado joven. Anna y él llevaban cuatro años de casados, cuando un día no regresó más. Fue terrible. Acompañamos a Anna al SEMEFO a reconocer el cadáver. Lo baleó un policía ebrio por rebasarlo y se estrelló contra un muro; todavía estaba vivo cuando lo remataron a balazos. Le vertieron mezcal encima para argumentar que estaba borracho. Los policías no requirieron más que su explicación para no sufrir de ninguna consecuencia. Desde esa madrugada, se volvió más seria, pero nunca perdió ese carácter libre y desenfadado. Sólo odiaba a la policía, en especial a los tamarindos. Aún después de su partida, no dejó de ir nunca a los lugares que frecuentaban: bares, cafés de esquina de los vecindarios exclusivos –que ella odiaba-, y todos los años invariablemente pasaba la transición otoño-invierno en el zócalo. Alguna vez la abordaron mientras bebíamos en el Río de la plata, con la finalidad de hacerle una entrevista. ¿Qué respondió? Pregúntales a mis acompañantes: si no te pueden responder por mí, no deberían estar en esta mesa. Esto bastó para ahuyentar al curioso.


Siempre fue apreciada su belleza. Tuvo al menos dos docenas de novios, y un par de novias. Cuando obtuvo su grado de investigadora titular, nos fuimos a festejar a Coyoacán. Ahí, en compañía de una cada vez menos numerosa comitiva académica, se fue transformando el vino en champaña, la champaña en cerveza, la cerveza en tequila y el tequila en mezcal. Lástima de festejo en martes. El miércoles se presentó en el auditorio principal de la Unidad, y no bien terminó la presentación de su plan de trabajo, salió corriendo-tambaleándose hacia el baño. El triste baño. Un mal arquitecto decidió ubicarlo a dos metros y medio de la salida del auditorio, donde un estrepitoso festejo salió tan pleno, tan desinhibido, que la audiencia entera se estremeció. Regresó como pudo, subió al estrado y dijo: para quien no haya estado presente anoche, ¿alguna pregunta?

Sin embargo, ese lado romántico cada vez era menos conocido. Sólo quienes vivimos a lo largo de su camino lo conocimos cabalmente. Pero era una mente prodigiosa. Respetada, incluso venerada, nunca se portó como una diva, como una rockstar. Y una semana antes de morir, dijo: “Pues esta fue mi vida, pésele a quien le guste, gústele a quien le pese. Para mí que este cardiólogo me va a matar. Como sea, me vaya hoy o dentro de diez años, me tenga que retirar de la profesión o de la vida, no pienso regresar. Y háganle como quieran. No me recuerden, déjenme descansar”. Lo siento, te quisimos tanto que no te podemos dejar ir. Ya no te puedes quejar, tus apacibles cenizas no repudian el relato. No regresarás, porque nunca te fuiste. No te fuiste pero no podemos encontrar tus litros de lágrimas, tus cajas de cabello, tus voces, risas y gritos; fallamos al buscar esos minutos, horas, días, que cantabas, insultabas, amabas o despreciabas. No vemos dónde escondiste los errores, los aciertos, la inmensa alegría y el desconsuelo. No supe dónde buscar tu ausencia. Mueres hasta que tus acciones dejan de hacer eco en la existencia de alguien más. No sé cuándo morirás.



EPÍLOGO

Hace cuatro años que te tuve que ver partir. Siento el dolor de la aguja que bombea su esfuerzo por mantenerme con vida. Camelia no pudo venir. Qué bueno. No quiero que me vea así. Hace tres semanas que no puedo comer más. Extraño cagar. De pronto vienen a mí imágenes de momentos que terminan y se fugan y no regresan, ¡ah! Pero qué bien saben. Nunca pensé conocer Houston así. Es el mismo desfile: alumnos, amigos de carrera, colegas, todos vienen a despedirse. Camelia nos tuvo que ver partir. Ojalá ella estuviera aquí. Ojalá yo estuviera aquí. La transmutación de humano a recuerdo-fantasma es tan poco creíble… cada manguerita, cada cable, cada dolor que inicia y muere con el analgésico, cada uno de estos eventos te hace menos ser vivo, y más ser cósmico. Creo que es mi última tarde, en el ocaso de mi vida. Hora de partir. Empaco mis mejores memorias, me pongo mi mejor actitud y me desprendo de todo lo que nunca fue mío. No dejo nada pendiente, pues no pienso regresar.

Thursday, October 25, 2012

Caldo de gallina

Por: Perro

El domingo habrá caldo de gallina. Habrá caldo de gallina en la cancha, Pumas tiene los huevos para salir con el triunfo del Estadio Olímpico este fin de semana. Habrá caldo de gallina en la tribuna, esa bola de minimentales que se mea encima cuando la tienen enfrente. Y habrá caldo de gallina en la banca: el pendejo de carrillo sabe que no puede jugar a perder este partido, sus compromisos con mierdevisa lo atan por un lado, pero lo que le espera si pierde es motivo suficiente para que ni siquiera lo considere. Si gana Pumas, él pierde. Si pierde Pumas, él perderá mucho más. Ese imbécil sólo habla. Y suda, suda mucho. Caldo de gallina.

Wednesday, July 04, 2012

La física de la protesta

Por: Perro

A pesar de lo renuente que normalmente soy a la extrapolación de las leyes físicas a las cuestiones sociales, creo que aplica perfectamente en el caso de ciertas desgracias electorales/fraudes que se imputan a los gobernantes cuando los que los permitieron llegar a eso somos quienes componemos al pueblo. He aquí, estimado lector, un repaso de las leyes más importantes de la física clásica y su aplicación a los fenómenos sociales que actualmente padece la sociedad mexicana.

Primera Ley de Newton

Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

Nada cambia si no actúa sobre ese objeto una fuerza que lo desvíe de su rumbo o que lo ponga en marcha en primer momento. El país no va a cambiar. Es el argumento más sólido al que debemos aferrarnos. Si bien nada es eterno, no podemos esperar que el cambio llegue. Hay que ser gestores del cambio, promotores del cambio. Sin esta idea, la pasividad nos hará culpables.


Segunda Ley de Newton

El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre a lo largo de la recta sobre la que la fuerza se imprime

Protestar es un acto de valentía porque demanda compromiso y resistencia. Si quieres un gran cambio, tendrás que imprimir una gran energía. Protestar en las redes sociales es muy sencillo. Protestar en las calles demanda gran esfuerzo físico y conlleva el riesgo de perder desde amigos hasta la vida. Protestar con el cerebro es el acto de insurrección más complejo, pues requiere levantar conciencias, extinguir apatías, contagiar ánimo, educar al pueblo y hacer frente al gobierno, elegantemente. La dirección de la fuerza es también importante. De nada sirve movilizar un cambio si no se afecta trascendentalmente el destino de las acciones. Entonces no es únicamente el hecho de protestar, sino cómo protestar y hacia dónde está dirigido nuestro esfuerzo. Entre más personas empujen hacia el mismo horizonte, con todas sus fuerzas, mayor será el cambio alcanzado, es aquí donde radica la importancia de la organización.


Tercera Ley de Newton

Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: o sea, las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto

No esperemos sacar un cuerpo de una trayectoria sin fricción u oposición. Al menos, esperemos la reacción de misma magnitud (aquí se rompe la física y la represión suele ser implacable) pero en sentido contrario. Un comentario en Facebook recibirá comentarios en Facebook; una movilización en las calles provocará que la policía salga de sus agujeros; despertar conciencias puede desembocar en amenazas, persecución y cacería. Tal vez quede mejor decir que la reacción es proporcional a la acción ejercida e, incluso, que la relación no es directa, sino exponencial en los momentos de máxima trascendencia: conforme mayor es la fuerza de cambio, la reacción será exponencialmente mayor.


Segunda Ley de la Termodinámica

La entropía del universo tiende a incrementarse conforme pasa el tiempo

La entropía es la propiedad universal de los procesos de avanzar hacia el estado energéticamente más bajo. Generalmente, es el denominado de menor orden. Esto quiere decir que conforme avanza el tiempo, todo tiende al desorden. Y también supone una irreversibilidad de los procesos: no podemos esperar que de la nada, surja el orden. Resumiendo: si deseamos llegar a un estado de mayor orden, necesitamos invertir energía en ello, y no es sólo para alcanzarlo, sino para mantenerlo. Si no hacemos nada (la pasividad antes mencionada) no es para sorprenderse que todo vaya hacia el estado energéticamente más bajo. Es más fácil dar mordida que ir a pagar una multa o una estancia en una correccional, y aún esto es más fácil que haber evitado la infracción en primer lugar. Es más fácil prender la televisión que leer un libro. Es más fácil vender CDs piratas, asaltar o robar que trabajar. Ha sido más fácil obtener votos comprándolos que trabajando por ellos. Es más fácil tener un contacto que te ayude a conseguir una posición laboral, gubernamental, gerencial, que haber hecho méritos para conseguirlo. Es más fácil comprar al pueblo que trabajar por el pueblo. Se ha hecho más fácil protestar por vía electrónica que con trabajo real. La direccionalidad de los eventos es asombrosa. Se ha dejado tanto tiempo que la entropía avance en esta sociedad que nos hemos acostumbrado a vivir en el estado energético mínimo. El esfuerzo mínimo. México se ha estancado porque ha encontrado la manera de sobrevivir con la menor cantidad de energía gastada. Revertir las consecuencias de ello no será tarea sencilla, pero el precio de no hacerlo ya es evidente.

Monday, July 02, 2012

2 de julio

Por: Perro

Huele a revolución. Huele a inconformidad. Huele a fraude. Huele a esos aromas acres que nos invadieron en 2006 y tras unos cuantos calificativos se fueron diluyendo hasta hace unos meses que se comenzaron a revelar los detalles: que el fraude no ocurrió en tu casilla ni en la mía, no pasó en los consejos distritales del IFE ni viajó con los miles de acarreados. El fraude fue flagrantemente televisado. Estuvo ahí, expuesto, al alcance de todos. Nadie pudo frenarlo porque no hemos sabido cómo se combate el morbo, la pereza, la falta de exigencia, la tranza, los favores políticos. No sabemos combatir el dinero.

Queda claro qué quiere la gente: telenovelas, fútbol, Lopez Dóriga, El Gráfico con el muerto y el pedazo de carne femenina, la mordida, la obesidad, el clasismo, la no-educación. El país de No Pasa Nada. La simulación y el juego. El Potrillo, el reggaetón, televisa, tv azteca, mejores celulares, automóviles, créditos, préstamos, deudas, pretextos, $500 para festejar con Ron Bacardi dos días que ganaron el guapo y la actriz. Secundarias mediocres, preparatorias inalcanzables, cero universidades. Futuro como mecánico, como esposa, como microbusero, como jardinero en el gabacho, como vendedor de CDs piratas en el metro, revendedor de boletos, al margen de la ley, a’i lo que alcance pa’l chesco, compro y vendo, no crear, no generar, sólo consumir. Coca-cola, Pepsi, Sabritas, Bimbo y las despensas de Eruviel en el EdoMex. Los piropos, el humor simple, insulso y poco inteligente, “artistas” cantando al amor que quieren que vivamos, programas de concursos, modelos de Corona, de Telcel, de Banamex, de quien sean.

Queda claro qué no quiere la gente: Secretaría de Cultura, un gabinete académico y artístico, pensar, sacrificar, avanzar. No quiere trabajar. No quiere leer. No quiere crecer. No quiere protestar. No quiere la responsabilidad que conlleva una vida digna. Pero menos aún querría un movimiento que le haga responder por sus actos, elegir representación que le exija para servirle. Ayer me denunciaron a la FEPADE por querer firmar las boletas y ser representante del PT. Eso demuestra mucho de lo que tenemos en nuestras manos. En nuestras cabezas.

Lo último que podemos hacer en este momento es perder la cabeza, perder la memoria y perder la esperanza. Movimientos tan impresionantes como #YoSoy132 dejan una enseñanza y una posibilidad. Nunca en la historia el clasismo universitario había sido superado por una meta en común. Desde hace varios años la brecha entre los sindicatos, los movimientos estudiantiles, los reprimidos, los saqueados y los grupos obreros no se dejaba ver. Por desgracia, llegaron demasiado tarde a esta contienda. No existe la política en este país. Ganó el mercantilismo, no votaron por un presidente o una propuesta, votaron por la mierda mediática que les dieron a desear, votaron por una marca. Fallamos en ver la estrategia gestada desde 2005 (quién imaginaría un fraude fraguándose a la par de otro fraude).

El sistema exige respeto a las instituciones que nos defraudan. Ese gris y frío monumento a la indiferencia del pueblo, sumido, con la cabeza mirando al suelo en busca de migajas en lugar de tener los ojos puestos en lo alto, con un dejo de reto, de despecho. No necesitamos un cambio de cabeza, sino un cambio de vehículo. Tantos años demuestran que no funcionan las democracias, que son un nicho perfecto para que proliferen la corrupción, los favores, las promesas a cambio de votos, la centralización de recursos, el clasismo, el cacicazgo, no es más que una mala versión del feudalismo donde los nobles se benefician de la pobreza y trabajo del pueblo. Es hora de buscar otras opciones. Crearse una identidad y cobijarse en ella antes de pretender alcanzar cambios del tamaño de un dinosaurio. Entender al otro.

Causa curiosidad pensar en qué pensarán esos actores del fraude, de las ansias infantiles de poder, hoy, 2 de julio, al irse a dormir. “¡Qué bien! Engañamos al pueblo” “Seis años de gloria” “ya nos los chingamos seis años más” “ahora a pagar favores” “esta lanita no me caerá nada mal” “¿no que no, proles?” “a huevo”. Triste es que haya proles compartiendo falsamente este mismo ánimo. Ciegos, ineptos. Más macabro sería aún pensar que en verdad se la creyeron y se ven como una opción real para gobernar México.

No hay que preguntarse qué queda por hacer, pues es más lo que falta que lo que se ha hecho. Pero no debemos perder de vista que hemos hecho mucho, sólo que mal dirigido. Una revolución debe gestarse, no con las armas que ellos dominan –violencia, desorganización, clasismo, pólvora, macanas y escudos-, sino con las que no entienden. El gatillo de un libro está en el cerebro del lector.


 "Mi buen perro, mi bello perro, mi amado fifí, acércate
y ven a respirar un perfume excelente adquirido en la mejor
tienda de la ciudad".

El perro, agitando la cola -lo que es en estos pobres
seres, creo, el signo equivalente a la risa y la sonrisa- se
aproxima y, con curiosidad, húnde su naríz húmeda en el frasco
destapado; luego, reculando velozmente con horror, me ladra a
guisa de reproche.

"Ah, perro miserable, si te hubiera ofrecido un paquete
de excrementos, lo habrías olfateado con delicia, y quizá
devorado. De este modo, indigno compañero de mi opaca vida, te
pareces al público, a quien jamás hay que ofrecerle perfumes
delicados que lo exasperen, sino inmundicias esmeradamente
elegidas".



El perro y el frasco, Charle Baudelaire
"Poemas en Prosa"

Wednesday, April 11, 2012

Carta a la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados (2012)


Por: Perro

Dip. Humberto Benítez Treviño
Comisión de Justicia
Cámara de Diputados


P R E S E N T E



Por este conducto me permito solicitar de la manera más atenta una revisión al nuevo Código Federal de Procedimientos Penales. Tal parece que la tipificación de “delito grave” ahora será aplicable de una manera más laxa y con ello, y dado el ambiente sociopolítico del país, puede ser considerado un riesgo para el empleo de la Fuerza Pública como medio de represión.

El nuevo Código viola el apartado 1 del artículo 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que claramente señala que “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad […]”. La «sospecha fundada» (como queda estipulado en el nuevo Código) no es prueba de culpabilidad. El argumento de «sospecha fundada» permite la comisión de abuso de autoridad con amparo de la ley.

En nombre de la fracción de la sociedad civil cuyos derechos e intereses represento y defiendo, lo invito a reflexionar sobre esta posición de vulnerabilidad en que quedaríamos los habitantes de este país, desde este lado de la relación representante/representados, en tanto su misión es velar por los intereses del pueblo que lo eligió.

Sin otro particular por el momento, quedo en espera de su amable respuesta.


A T E N T A M E N T E

c.c. opinión pública.

Tuesday, January 10, 2012

La muerte

Por: Perro

La muerte es un estado transitorio y molesto. No aludo al término de la actividad biológica sino al cese de funciones que se pueden antojar más vitales.
Es ese estado incómodo y estático en el que el agua es tibia, ofensivamente tibia. No te quemas ni te enfrías. Es la convalecencia sin peligro de complicaciones pero sin salud. Es el refractario periodo en que ni comienzas ni estás cerca del final y tampoco estás en movimiento… es la incómoda pausa insulsa que mancha tu carrera. Es la salvación de Benedetti, el desasosiego de Bukowski. Es la hoja a medio leer, a medio escribir. 

Irrita, como un vaso de cerveza templada, sin gas. No tienes fuerzas para levantarte pero tampoco el pretexto para complacerte en el piso. Ni tienes dinero para cambiar al mundo, ni careces tanto de él como para no hacer nada. El punto de inflexión entre la desaceleración y la vertiginosa subida, sin que sepas en qué momento llegaste a ese punto. Estás muerto. Lo sabes porque no hay signos del ollin dentro de ti, y respiras porque no puedes decirle a tus células que les negarás el oxígeno, pero no convencido de proveerlo al cerebro. O al corazón. O de menos a los músculos.
Pausa maldita, ocio de perdedores. Ni estás tan mal que puedas escribir al respecto, ni estás tan bien que puedas escribir al respecto. Los minutos antes de la hora que esperas para gastar. Y lo sabes. Y estás consciente. Y no haces nada, como a la espera de una nueva ola que te arrastre o te obligue a nadar, y la calma tarde te baña con su salado líquido y no es de día ni de noche, y no tienes hambre pero tampoco saciedad ni tienes sueño ni ganas de estar despierto. Como a la espera de un golpe brusco que te sacuda y te quite la vida o que te dé la lucha, la prueba, que te invite al movimiento.
No puedes justificar el suicidio ante ti mismo, ni puedes demostrarte que vale la pena no hacerlo. 

Quiescencia.

Los optimistas te dirán:
Levántate.
Lucha.
Mejora.

Los pesimistas te dirán:
Cáete.
Muere.
Fracasa.

Ambos son sensatos. Tú decides
no caer
ni levantarte. Te mantienes.

¿Para qué?

Leyenda

Por: Perro

No conocía de arte. Ni de nada. Ya no. Sólo en momentos de liviana lucidez alcanzaba a murmurar lo que fueran sus grandes hazañas. Hoy nadie lo recuerda, ni él recuerda a nadie. Ya no existe. No más. Recuerda vagamente que la matemática algún día fluyó de sus dedos y se hacía geometría y poesía y drama. Lloraba lágrimas de tinta con las que trazaba flores y maldiciones. Y las aplaudían, tanto los aludidos como los culpables.

El sombrero con olor a orina rancia y el saco roto se perdían conforme la brisa se llevaba las partículas secas que el sol consumía como el viento a los escombros de carbón. Una botella vacía de fino licor de pobres para pobres se desvanecía en el pavimento, quebrándose un poco menos que las ilusiones al caer.

Se recarga entre el borde de concreto y el vidrio del aparador y se limpia la comisura de los labios con la manga del saco. Pierde la mirada mientras recuerda un glorioso pasado lleno de reconocimiento, de amistades. Nunca supo cómo lo perdió. Nunca supo cómo se recuperó hasta ser un respetable nadie. Las suelas rotas dejan escapar un bouquet inconfundible a abandono, a hartazgo, a dolor. Sangre asoma por la mejilla derecha, no importa en lo más mínimo qué lo haya provocado. En su memoria late el llanto que le recuerda la maldición de estar muerto y vivo, vivo y muerto. Pero por fuera su cara es inerte y seca como la luna de cerca.

Me hallé frente al auténtico vagabundo. Sin cuerdas, sin cadenas, sin límites. Sin responsabilidades, sin obligaciones, sin firmas ni pactos ni acuerdos. Su realidad se encuentra sublimemente más allá de cualquier realidad mundana de quienes le rodeamos, de quienes le huyen, de quienes lo repudian. Su cama es el pavimento que ha matado a la tierra. Su cobija son las noticias que amargan y alegran al mundo. Las limosnas que limpian la conciencia de los necesitados de perdón son su riqueza. Se viste de los recuerdos de otros tiempos, de otras personas, de todo el mundo. Su existencia se burla de un sistema que lo marginó a la libertad absoluta. Nadie lo asalta, nadie lo secuestra, nadie lo viola, nadie lo molesta. El olvido lo exime de toda culpa. No padece de miedo, ni de enfermedades delicadas. Nadie le roba con impuestos, ni su voto, ni su pensión. No necesita ahorro, ni retiro, ni seguro de vida. Puede caerse muerto en cualquier parte del mundo y no preocuparse por dejar viudas, huérfanos, deudas. No paga por su funeral. Cabe preguntar, desde afuera y con objetividad, quién es la verdadera víctima.

Breve ensayo sobre la autenticidad electrónica

Por: Perro

Frecuentemente reniego sobre el origen de lo auténtico y las fronteras de la autenticidad con la falsedad. Pero cabe preguntarse, ¿Qué es lo verdaderamente auténtico? ¿Existe la autenticidad como propiedad inalienable e intransferible? Ya Stephen J. Gould había comentado sobre la eterna búsqueda de lo auténtico por parte de nuestra especie, pero por desgracia no vivió para contemplar el devenir de los acontecimientos que trajeron consigo el crecimiento y desarrollo de la red-del tamaño-del mundo. La autenticidad se esconde bajo una máscara construida por prejuicios, calificativos y expectativas; no deja de existir pero se opaca ante lo que la sociedad en la que vivimos espera de nosotros.

Pero esa máscara desaparece en el pseudoanonimato de la red: esa www ha logrado retirar ese maquillaje social y ofrece una ventana (o más bien un aparador) para la puesta en escena del verdadero yo. Las redes sociales, blogs y demás escaparates personales permiten que la gente muestre un lado más cercano a quien en realidad es, en tanto no hay una confrontación directa con sus interlocutores. La exposición en estos medios evitan la interacción directa y prácticamente instantánea que ofrece la charla o la ponencia, lo que brinda al responsable valiosos minutos/horas/días para pensar antes de responder. Incluso los chats en línea, o la mensajería instantánea, brindan una ventaja de tiempo entre una y otra idea que la plática uno a uno o el teléfono demandan inmediatamente. Pero es esa ventaja de tiempo la que nos ha llenado de lastres mentales que nos hacen cada vez menos ágiles, cada vez más llenos de pretextos, de mentiras, de ajustes a la verdad; cada vez menos congruentes. El no confrontar cara a cara a la contraparte de nuestro diálogo nos hace débiles, calculadores, la conversación se vuelve un ajedrez a distancia en el que la respuesta a nuestro movimiento puede ser consultada o completada en otras cabezas antes de llegar a su destino.

Al mismo tiempo, las acciones en la red muestran los gustos más profundos, las simpatías por situaciones estéticas, ideológicas, económicas, políticas y de otra índole que de otra manera pasan desapercibidas en tanto superfluas. Se busca la aprobación de la mayor cantidad de personas por cada una de nuestras “acciones”. Y se condena cada situación que no es aprobada por nuestra supuesta ideología profundamente, tan profundo como se puede por medio de palabras. Cualquiera es analista político, artista, crítico, cinéfilo, con sólo mostrar su unión al grupo de seguidores de un determinado tema o su antipatía con respecto a otros grupos. Poseer un sitio en la red se ha convertido en una plataforma para el lanzamiento al espacio cibernético de un cúmulo de posts y comentarios que buscan agradar a un alguien, cercano o lejano, con los fines más extravagantes: desde el “enamoramiento” de una contraparte hasta el agregue de una persona considerada como notable. Las acciones se encaminan a mostrar al individuo como un producto deseable, óptimo, disponible y receptivo; permite y promueve el coqueteo y el halago indirecto en espera de una respuesta, de cualquier tipo. Lo antes reservado para la amistad cercana ahora es dominio público y se somete a la competencia con otras vidas otrora privadas en una batalla por comparar quién tiene más: más amigos, más seguidores, más likes, más fotos, más viajes, más situaciones (agradables o desagradables), más actividad en línea. La dependencia de publicar a la vista de todos cualquier acción que se realice ha alcanzado niveles ridículos y ha hecho pensar que el mundo está tan al pendiente de nuestras acciones que debemos señalar qué hicimos, en dónde y con quién; hacer notar ese viaje a lugares extravagantes o la asistencia a ese acontecimiento social exclusivo o altamente demandado. Incluso en el momento mismo de la vivencia, el ferviente deseo de presumir bajo el falso argumento de compartir supedita la experiencia a la existencia de la posibilidad de subir algo que haga saber lo que estamos haciendo en ese momento, incluso en detrimento del momento vivido. Como ya mencionaba Elvira Lindo, en un artículo de El País (“No me quieras tanto”, El País, domingo 02 de octubre de 2011), es esa misma gente que anhelaba tanto vernos la que desprecia ese tiempo “valioso” con nosotros a favor del espacio-temporal virtual. Miles de millones de mensajes, avisos, correos electrónicos interrumpen diariamente cenas, conciertos, clases, reuniones, cursos, conferencias y citas en todo lugar donde una red esté disponible. Esa búsqueda de la autenticidad tan anhelada ha degenerado en una acusada necesidad de pertenencia y aceptación.

Pero, a final de cuentas, estas necesidades son auténticas. En un mundo globalizado, donde el tiempo laboral, las distancias físicas y experienciales en las relaciones humanas han aumentado desproporcionadamente y cada día es más necesario recurrir a las estrategias cibernéticas para intentar permanecer en contacto con los otros que alguna vez formaron parte de nuestra vida en el círculo cercano de personas con que nos relacionamos. No todo es reprobable en las comunidades virtuales, si bien al ser extensiones de la capacidad intelectual humana también poseen vicios. Por el precio de un acceso a la red, disponemos de un nicho desde el cual se puede compartir una noticia con una velocidad nunca antes experimentada por las ciencias de la información. Consultas y apoyo a movimientos sociales se pueden realizar desde una computadora, teléfono celular u otro adminículo de ciber-navegación. Recabar firmas de simpatía nunca fue tan sencillo como lo es ahora. Incluso estas tecnologías han permitido explotar el humor gráfico, la noticia fotoperiodística y la geografía como nunca antes. Sin embargo, estas acciones también brindan desarrollo de nuevas formas de crímenes: fraude electrónico, planeación de secuestros, embaucamiento, terrorismo y expresión de odio e intolerancia se han abierto paso a través del uso de la información que confiamos en e-Big Brother. El empleo de datos depositados en la red no se limita a grupos al margen de la ley, sino de la ley misma. No es sólo lo que escribimos o subimos a internet lo que dejamos como rastro de nuestra existencia: páginas visitadas, acciones bursátiles o comerciales, consultas, charlas que pensamos privadas, cotizaciones, vuelos, reservaciones y demás registros electrónicos sirven para rastrearnos. El antes llamado anonimato no es tal, por más que así lo deseemos creer. No somos diferentes ni dejamos de ser quien realmente somos por unos cuantos bytes más o unos cuantos bytes menos: la fama sigue siendo fama y el desapercibimiento sigue siendo desapercibimiento en ese lugar inmenso que físicamente no existe.

Es, por tanto, la red electrónica una extensión humana de las relaciones personales que ha aumentado nuestro número de relaciones posibles del hipotético número de 70-120 (de acuerdo con Hernando A. y colaboradores, 2009) que nos provee nuestra biología a más de 300 (promedio), y al mismo tiempo, es la computadora desde la cual accionamos una extensión de nosotros mismos. De muchos de los contactos que poseemos en nuestras listas no conocemos su voz, o en ocasiones, ni siquiera su apariencia física.

No pretendo desde esta cómoda posición condenar u ofender el uso de la red con mi pluma virtual, sino mostrar algunos aspectos que por momentos nos parecen lo suficientemente irrelevantes como para ser considerados dentro de la realidad de la vida cibernética. No es este espacio un reclamo indirecto a la experiencia cibernáutica pues a final de cuenta, su existencia es parte de la misma. Es la intención de hacer notar la pérdida de la congruencia y la falta de aceptación de uno mismo en función del otro. La red es una carretera que todos transitamos pero que a todos nos conduce a diferentes destinos. Activismo político, mercadotecnia, crítica a los modelos socioeconómicos, páginas de modelos estéticos, figuras públicas, fotos privadas, chantajes, reclamos y buenos deseos coexisten todos a escasos links de distancia, No es que se descubra o se ponga en manifiesto una característica nunca antes vista de la especie humana, sino que ésta ha encontrado un nuevo lugar en dónde hacer patentes sus características notables: la competencia, el gregarismo, la confrontación de lo adverso, el empleo de la ventaja, el engaño y el consumismo. Y me cuestiono a mí mismo: ¿Por qué colocar este texto a la vista de la opinión pública? ¿Por qué criticar el vehículo en el que yo mismo me transporto? Tal vez sea la misma necesidad de ser leído, criticado, aprobado o destruido. De que la palabra no sea estéril y llegue a causar polémica, respuesta, empatía o desasosiego al lector. Tal vez lo agobie o lo reconforte. Si este texto no es leído, compartido, posteado, criticado y destruido, posiblemente no habrá cumplido con su objetivo.

Sunday, June 12, 2011

Las noches de tu partida

Por: Perro

Por fortuna, la noche en que te fuiste es irrepetible. La luna, visible en una noche clara como pocas veces, parecía gozar con tu huída y se volvió cómplice de tu partida iluminando los últimos trazos de tus pasos hacia el olvido.
El silencio reinaba cuando el reloj marcaba diez minutos después de la una de la mañana. Ese silencio que taladra el cerebro y crea un agujero que, conforme amaina la lluvia de sentimientos, hace que fluyan al exterior preguntas incómodas que seguramente pronto callarán: ¿por qué? ¿en qué momento…? ¿y sí…? ¿volverá? ¿volveré?...

El olor a hierba recién podada mezclado con aroma a tierra húmeda se cuela por la ventana abierta que deja entrar la fresca madrugada. La luz tenue del foco incandescente proyecta sombras de cosas conocidas en la pared: el cable empleado para secar la ropa, con dos o tres camisetas colgadas aún; un poster a medio pegar, doblada su esquina, se balancea por la entrada de la brisa, una planta un poco seca también es objeto del golpe por el débil rayo de luz… un conjunto que armoniza entre sí dentro del caos cotidiano de esa habitación que tantas veces nos vio amanecer, y tantas otras nos vio dormir.

Pedazos de vidrio roto se esparcen en el suelo, junto a la ropa sucia, junto a esos tenis viejos que alguna vez decidiste dar en adopción a mi habitación, polvo acumulado por semanas, revistas y libros con marcas del tiempo, corcholatas y latas de cerveza aplastadas. A lo lejos sólo se escucha la marcha de uno o dos automóviles. Entre el ruido especulo si ese sonido que se acerca, esos tacones nocturnos, serán los tuyos, que cargan a cuestas el arrepentimiento mutuo por lo ocurrido. Imagino la escena: abro la puerta, entras, un abrazo, recogemos un poco y nos dormimos abrazados; mañana arreglaremos las cosas con una plática en algún café como solemos hacerlo.

Pero tú no vuelves. El reloj marca las tres de la mañana y con ello ambiciono se cumpla la sentencia y demonios entren por las ventanas, por la puerta del baño, por el boquete de la esquina, por las coladeras, y llenen este vacío que siento por tu ausencia. Demonios de los errores de ayer, demonios que nacieron esta noche y demonios que nuestra boca haya de parir al quedar al descubierto nuestras diferencias y nuestra poca capacidad de conciliación. Pero no. Sólo se cuela la afonía helada que cubre con su manto la habitación y parece perpetuar cada objeto hasta la eternidad en esa posición. Inhalo profundo y la angustia se cuela por entre los bronquios hasta alcanzar las venas y congela mi cerebro: el amargo sabor de tu partida se filtra hasta el fondo de los ojos y los irrita, lo que provoca el llanto.

Suena a lo lejos una campanada. Luego otra. Puedo ver por la ventana que el amanecer se aproxima sin ti, la gente comienza otro día y no estás tú. La vida siguió después de la pausa de anoche y yo veo como poco a poco el sol hace su rutina diaria, y suceden los gritos de los niños, y las bocinas de los carros, y el repartidor de agua embotellada, y las motocicletas, y el perro ladra y se calla y vuelve a ladrar, los olores de la fonda cercana a la casa, y luego el jabón con cloro, y luego el silencio, es noche otra vez.

La luna, visible en una noche clara como pocas veces ilumina unas nubes que se retrasaron y parten hacia el horizonte calmadamente. El silencio reina cuando el reloj marca diez minutos después de la una de la mañana. El olor a hierba recién podada mezclado con aroma a tierra húmeda se cuela por la ventana abierta que deja entrar la fresca madrugada. Los mismos objetos en las mismas posiciones, sólo que con más polvo. A lo lejos sólo se escucha la marcha de uno o dos automóviles.

La maldición de tu ausencia se hace presente: cada noche es tan macabramente parecida a la anterior. Por desgracia, la noche en que te fuiste se repetirá hasta el final de mis tiempos.