lunes, julio 02, 2012

2 de julio

Por: Perro

Huele a revolución. Huele a inconformidad. Huele a fraude. Huele a esos aromas acres que nos invadieron en 2006 y tras unos cuantos calificativos se fueron diluyendo hasta hace unos meses que se comenzaron a revelar los detalles: que el fraude no ocurrió en tu casilla ni en la mía, no pasó en los consejos distritales del IFE ni viajó con los miles de acarreados. El fraude fue flagrantemente televisado. Estuvo ahí, expuesto, al alcance de todos. Nadie pudo frenarlo porque no hemos sabido cómo se combate el morbo, la pereza, la falta de exigencia, la tranza, los favores políticos. No sabemos combatir el dinero.

Queda claro qué quiere la gente: telenovelas, fútbol, Lopez Dóriga, El Gráfico con el muerto y el pedazo de carne femenina, la mordida, la obesidad, el clasismo, la no-educación. El país de No Pasa Nada. La simulación y el juego. El Potrillo, el reggaetón, televisa, tv azteca, mejores celulares, automóviles, créditos, préstamos, deudas, pretextos, $500 para festejar con Ron Bacardi dos días que ganaron el guapo y la actriz. Secundarias mediocres, preparatorias inalcanzables, cero universidades. Futuro como mecánico, como esposa, como microbusero, como jardinero en el gabacho, como vendedor de CDs piratas en el metro, revendedor de boletos, al margen de la ley, a’i lo que alcance pa’l chesco, compro y vendo, no crear, no generar, sólo consumir. Coca-cola, Pepsi, Sabritas, Bimbo y las despensas de Eruviel en el EdoMex. Los piropos, el humor simple, insulso y poco inteligente, “artistas” cantando al amor que quieren que vivamos, programas de concursos, modelos de Corona, de Telcel, de Banamex, de quien sean.

Queda claro qué no quiere la gente: Secretaría de Cultura, un gabinete académico y artístico, pensar, sacrificar, avanzar. No quiere trabajar. No quiere leer. No quiere crecer. No quiere protestar. No quiere la responsabilidad que conlleva una vida digna. Pero menos aún querría un movimiento que le haga responder por sus actos, elegir representación que le exija para servirle. Ayer me denunciaron a la FEPADE por querer firmar las boletas y ser representante del PT. Eso demuestra mucho de lo que tenemos en nuestras manos. En nuestras cabezas.

Lo último que podemos hacer en este momento es perder la cabeza, perder la memoria y perder la esperanza. Movimientos tan impresionantes como #YoSoy132 dejan una enseñanza y una posibilidad. Nunca en la historia el clasismo universitario había sido superado por una meta en común. Desde hace varios años la brecha entre los sindicatos, los movimientos estudiantiles, los reprimidos, los saqueados y los grupos obreros no se dejaba ver. Por desgracia, llegaron demasiado tarde a esta contienda. No existe la política en este país. Ganó el mercantilismo, no votaron por un presidente o una propuesta, votaron por la mierda mediática que les dieron a desear, votaron por una marca. Fallamos en ver la estrategia gestada desde 2005 (quién imaginaría un fraude fraguándose a la par de otro fraude).

El sistema exige respeto a las instituciones que nos defraudan. Ese gris y frío monumento a la indiferencia del pueblo, sumido, con la cabeza mirando al suelo en busca de migajas en lugar de tener los ojos puestos en lo alto, con un dejo de reto, de despecho. No necesitamos un cambio de cabeza, sino un cambio de vehículo. Tantos años demuestran que no funcionan las democracias, que son un nicho perfecto para que proliferen la corrupción, los favores, las promesas a cambio de votos, la centralización de recursos, el clasismo, el cacicazgo, no es más que una mala versión del feudalismo donde los nobles se benefician de la pobreza y trabajo del pueblo. Es hora de buscar otras opciones. Crearse una identidad y cobijarse en ella antes de pretender alcanzar cambios del tamaño de un dinosaurio. Entender al otro.

Causa curiosidad pensar en qué pensarán esos actores del fraude, de las ansias infantiles de poder, hoy, 2 de julio, al irse a dormir. “¡Qué bien! Engañamos al pueblo” “Seis años de gloria” “ya nos los chingamos seis años más” “ahora a pagar favores” “esta lanita no me caerá nada mal” “¿no que no, proles?” “a huevo”. Triste es que haya proles compartiendo falsamente este mismo ánimo. Ciegos, ineptos. Más macabro sería aún pensar que en verdad se la creyeron y se ven como una opción real para gobernar México.

No hay que preguntarse qué queda por hacer, pues es más lo que falta que lo que se ha hecho. Pero no debemos perder de vista que hemos hecho mucho, sólo que mal dirigido. Una revolución debe gestarse, no con las armas que ellos dominan –violencia, desorganización, clasismo, pólvora, macanas y escudos-, sino con las que no entienden. El gatillo de un libro está en el cerebro del lector.


 "Mi buen perro, mi bello perro, mi amado fifí, acércate
y ven a respirar un perfume excelente adquirido en la mejor
tienda de la ciudad".

El perro, agitando la cola -lo que es en estos pobres
seres, creo, el signo equivalente a la risa y la sonrisa- se
aproxima y, con curiosidad, húnde su naríz húmeda en el frasco
destapado; luego, reculando velozmente con horror, me ladra a
guisa de reproche.

"Ah, perro miserable, si te hubiera ofrecido un paquete
de excrementos, lo habrías olfateado con delicia, y quizá
devorado. De este modo, indigno compañero de mi opaca vida, te
pareces al público, a quien jamás hay que ofrecerle perfumes
delicados que lo exasperen, sino inmundicias esmeradamente
elegidas".



El perro y el frasco, Charle Baudelaire
"Poemas en Prosa"

1 comentario:

danieltheboy dijo...

Excelente texto, fiel retrato de la apabullante realidad mexicana.

¡Gracias!
Porque leyendo gente como tú es que me inspira a seguir pensando que nuestra Revolución gestará un buen cambio.