domingo, mayo 02, 2010

Nostalgias Futuras

Por: Perro

Te conocí en un tiempo de inocencia cuando la presión adecuada era todo lo que necesitábamos para ser y estar. Te recuerdo en pasillos estudiantiles cuando las vidas eran un poco más perfectas, las palabras un poco menos superfluas, el futuro un poco más distante y el pasado un poco más pequeño. Mis refugios a la tormenta eran la música y el alcohol. Tus pies caminaban livianos por sobre el pasto húmedo, dejando rastros de tus pisadas en el lodo recién formado.

La responsabilidad máxima era mínima y los compromisos eran sólo con nosotros mismos. Correr era por gusto, internet era por necesidad. El dinero se iba en viajes, crepas, chelas, pasajes, libros y taxis para llegar a tiempo. La gastronomía selecta incluía sopes, tlacoyos y sus variantes, tacos de todas formas, tamaños y sabores, entremeses de aves, peces, reses y puercos a veces. Lo más extraño era inexplicable, lo más ilegal era risible y lo menos ético era superable. La universidad era el alfa y el omega de tus días, todos estaban ahí, esperando, contemplando, señalando… apestaba a camaradería en cada rincón de sus pasillos. Vienen a mi memoria tardes bebiendo cualquier cosa compartiendo momentos.

Los chismes separaban y unían a la gente. También el clericot. Y los pulques. Y la cerveza. Nos analizábamos y nos preguntábamos qué terminaríamos siendo cuando la lenta metamorfosis concluyera. Nos prometimos, nos fallamos, nos reconciliamos. Las cuatro de la mañana era aún hora prudente. Un proyecto cambiaría el futuro y en ese momento era sólo algo más que hacíamos juntos. Las distancias grandes separaban metas, no personas y menos a nosotros. Tenis, jeans, playeras, chamarras. Café. La distracción era causa de fotografía. Personas y eventos que parecían inalcanzables.


A la distancia, el recuerdo…

¿Qué fue de ese ente con el que soñábamos difusamente querer ser?

Hoy, el mundo es muy diferente. La dilución de la inocencia ha dado paso a la sensatez y la cautela. Hoy nuestras vidas se han hecho de nuevas situaciones que nos han hecho un poco más lejanos de la perfección, más insípidos, más cercanos al fin del futuro y el pasado cada día pesa más. Ya no hay refugios y la tormenta no aminora. Las pisadas en el lodo han quedado perpetradas en mi recuerdo.

La mínima responsabilidad es ahora máxima, somos responsables de nuestro destino y dependemos de nosotros mismos para subsistir, y los compromisos involucran a más personas. Correr es una necesidad, internet se ha vuelto un vicio. El dinero se va en comida, renta, pagos y taxis para llegar a tiempo. La gastronomía incluye café de mala calidad, comida para llevar, manjares de cadenas de tiendas, comida rápida, cafetería de hospital. Lo más extraño se ha vuelto cotidiano, lo más ilegal te quita la vida y la ética, contemplativa. Ya no hay alfas ni omegas, los pasillos llenos de gente e historias pero vacíos de compañeros de batalla… ahora hay rivalidades laborales y el delicado perfume de la envidia se apresta a señalar errores y mitigar aciertos. Vienen a mi memoria guerras que se juegan de noche, oscuras, hirvientes… entregar resultados de madrugada.

Los chismes separan y confrontan a la gente. También los problemas. Y los traumas. Y la rivalidad. Analizamos a los otros y su comportamiento en todo momento. Prometemos, fallamos y nos fallan, nos etiquetamos. Las cuatro de la mañana significa sueño y cansancio. Cada proyecto puede cambiar el futuro para bien o para mal. Las distancias grandes separan personas y alejan nuestros sueños cada vez más de nuestras realidades. Tacones, faldas, corbatas, carteras. Café. La distracción es causa de persecución. Fechas y cifras que parecen inalcanzables.