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Wednesday, August 31, 2016

La indignidad nacional





Por: Perro

Parece que la estrategia política predominante para el gobierno federal hoy en día es: Dado que no podemos hacer nada bueno (total, ni cuenta), tendremos que hacer que se olvide la última estupidez con una estupidez de mayor calibre. De todos los errores que ha cometido el abyecto gobierno de Peña Nieto, posiblemente el único con el que todos los mexicanos sin excepción se deberían sentir ofendidos es con la invitación del pseudo mandatario a Donald Trump a pisar territorio nacional. Porque si algo le duele al mexicano, en común, es que le pisen la mexicanidad. Cuarenta y tres estudiantes muertos no importan a todos, pues son estudiantes. Y… ¡estudiantes de maestros! El conflicto magisterial se ha tornado en una polarización irrisoria. La gente está harta de los maestros, y no del gobierno que no hace nada por ofrecer una educación de calidad. Ante tal descontento, la evidencia del plagio de la tesis del presidente debería haber sido la fuerza que desequilibrara la balanza, el desempate ante la incongruencia de que alguien con un título robado, un delincuente (sí, el plagio es una ofensa que se resuelve por la vía penal) que fracasó académicamente, obligue a cumplir con estándares educativos a los maestros del país. Pero no. Imbéciles subnormales salieron a defender a Peña Nieto. A alabar la proeza de que, sin la tesis, pudo llegar a la presidencia. A decir que no se necesita ser académico para gobernar un país. Y muchos más, a minimizar la existencia del plagio. Feminicidios, ecocidios, fraudes, corrupción, conflictos de interés… siempre hay alguien para quien lo que se dice es una vil exageración y el empoderamiento de la estupidez en la casita de Los Pinos no es nada, o a lo más, es resultado y reflejo de nuestra condición de mexicanos.

Pero que en vísperas de la entrega de un nimio y vago informe de gobierno el atrevimiento estúpido de Enrique Peña, invitase a quien ha despotricado contra los mexicanos de las maneras más clasistas y racistas posibles, no debiera tener perdón. Que, so pretexto de una charla de estrategias con “candidatos presidenciales” del vecino del norte, haya profanado el suelo mexicano con alguien que más bien debiera ser proclamado persona non grata, no debiera tener perdón. Alguien que llamó a miembros de tu familia violadores, criminales, vendedores de drogas, y “lo peor que le puede ocurrir a América (sic)”, no tendría por qué realizar una visita a este país. Y por mera congruencia, si Peña Nieto tuvo el apremio de llamar ignorante (no sé con qué calidad ética) a Trump, debería haberse mantenido en ese canal y no invitar a tan odiado personaje.

¿Dinero? ¿Poder? ¿Una agenda política? No lo sabremos hasta dentro de unos meses. Peña Nieto una vez más se comportó a la altura de lo que esperamos de alguien cuyo nombre y prestigio político salió de Televisa, de alguien a quien le han construido desde la candidatura hasta la documentación legal sobre la que su poder se respalda. Se comportó a la altura de alguien casado con una actriz de la misma casa comercial. Como alguien cuyos mítines políticos eran más verbenas populares para manejo de imagen. Y México no debería comportarse a la altura de lo que estamos acostumbrados. Este debería ser el colmo, la pesadilla, la gota que derrama el vaso. Pero no será así porque en 16 días se celebra “la independencia” e irán a corearle los gritos a Peña. Al calor de las cervezas, las mexicanadas de siempre, el compadrazgo, el machismo, Valentín Elizalde o Juan Gabriel o Banda el Recodo o el Komander, todo se olvidará. Al grito de ¡Eeehh Putooo!. Nalgadas a la comadre. La mordida al alcoholímetro. ¿Trump? Su visita no nos afecta porque no somos gringos. O porque no tenemos familiares mojados. O porque yo sí tengo dólares. O porque no sé de, ni entiendo, ni me interesa la política mexicana o extranjera. Pero qué bueno que ya regresan los juegos de la Selección Mexicana, ahora contra El Salvador. Qué buena está la barra de programas de TV Azteca y qué lindo remodelaron a Televisa. ¿Leer? El TV Notas. Y pues si el gasolinazo, a mí no me afecta porque no tengo coche. Los desaparecidos no son míos. Si los maestros, pus yo ni estudio, pa’ qué le hago. Y así, esto también quedará en el olvido. En la indignidad.

Saturday, February 02, 2013

Hasta el copete



Por: Perro

Nada-estimado enrique peña nieto:

Aún sabiendo que no tiene los pantalones (ni las neuronas) para responder, pierdo mi tiempo en esta “carta” porque es la mejor manera que tengo para purgar el intenso coraje que siento cada vez que veo su cara de pendejo. Más de mil setecientos muertos en menos de 75 días de gobierno ¿Se siente orgulloso?

¿Monex? ¿Exoneraron a su partido de prácticas corruptas? ¿Cómo pasó eso? Y encima de ello, achacan a su competidor directo, Andrés Manuel López Obrador, de haber sido el único en exceder los topes de campaña. ¿Usted compra en Soriana? ¿Lee Milenio? ¿Lee? Pero, ¿cómo? ¿Cómo, si vi plagada mi colonia de anuncios con su, repito, cara de pendejo, hasta en las tortillerías? Por cierto, ¿Ya sabe cuánto cuesta el kilo de tortilla? Y, ¿Sabe cuántos kilos puede comprar uno de sus votantes con su salario mínimo?

¿Sabe restar? ¿Sabe quién fue Benito Juárez? ¿Sabe cuándo vivió? O ¿Pretende que también se retire el siglo XIX de los libros de la SEP? ¿Sabe por qué fue importante Juárez? ¿O qué juicios históricos se pueden emitir en su contra? Creo que las únicas reformas de las que conoce son las que actualmente promueve. ¿IVA en alimentos y medicamentos? ¿Para qué? ¿Para financiar su estúpido avioncito? ¿Por qué tan blindado, tan seguro e inalcanzable? ¿A qué le teme? ¿A su pueblo? ¿Y la “mayoría” que votó por usted? ¿Ya aprendió inglés? O ¿Seguirá avergonzando a la clase pensante de este demacrado país?

Y, hablando de reformas, ¿Qué contiene la reforma educativa? ¿En verdad quiere que creamos en un Pacto por México? ¿Cuando se le escapa una secuestradora? ¿Y las camionetas de Televisa? ¿También serán un fotomontaje en siete años? ¿Qué pactó con televisa a cambio de ese entreguismo fatal en favor de su presidencia?

¿Privatizar PEMEX? ¿Cuándo? ¿Por qué no escoge el 18 de marzo? Seguro no entendió la ironía de mi comentario. Ya el imperdonable esbirro del capitalismo y la política neoliberal que lo precedió (esto es, que estuvo en su puesto antes que usted) pateó al pueblo mexicano al dejar pasar una reforma laboral que es, a toda vista, en beneficio amplio del empresario. Ahí está el presidente del empleo. ¿En qué mejora el nuevo pri al país? Lo triste es que hay sí, millones, de personas que votaron felices por el regreso del dinosaurio. Ni de Jurassic Park aprende esta gente. ¿Cómo piensa defraudarlos? ¿Echando mano del anti-laicismo que ha caracterizado a las administraciones sexenales desde 1994? ¿O serán los gasolinazos la política de exprimidor que este nuevo pri trae bajo la manga? Por cierto, ¿Sabe qué significa PEMEX?

¿Qué va a hacer por “mejorar al país”? ¿Ya tiene a sus guionistas de las nuevas “telenovelas de calidad” que prometiera en campaña? ¿Estará a cargo la tampoco mentalmente agraciada Gaviota? ¿Qué ha sido de su hija? ¿Sigue pensando que somos la bola de pendejos? Me la manda a saludar con el dedo medio, de favor.

Podría extenderme otros 132 párrafos sobre usted y la mierda que representa, pero no tiene caso. Si tiene tantita decencia, lo invito a que responda. Si no, haga lo que tan bien le sale a los de su régimen: desaparézcame. Pero que sea bien desaparecido. No debajo de un colchón. No me mate sin saber de qué he muerto, no vaya a ser que luego le hagan preguntas incómodas. Al menos confío en que será rápido e indoloro, pues no soy mujer, y por tanto, no estoy sometido a la misoginia que lo caracteriza, misma que dejó entrever en su accionar como cómplice de más de 900 muertes a mujeres durante su administración en el EdoMex. No es que a alguien le importe, con un país metido hasta la nariz en el fango, aplaudiendo al sistema, no creo que haya mucho por hacer. Sólo que, ojalá, esa bola de minimentales que votaron convencidos, no se estén quejando amargamente cuando los ultraje con impuestos, imposiciones, desapariciones forzadas, pobreza, desempleo, disminución de la capacidad adquisitiva de su paupérrimo salario al más puro estilo de las “tiendas de raya” (búsquelo siquiera en El Rincón del Vago, por favor…) y demás artificios de comodidad económica para los de su clase.

Usted declara luto nacional de tres días por las pérdidas humanas en la Torre de Pemex (a ver qué resulta de ello, al menos la PGR ya dio su siempre creíble palabra de que habrá transparencia en el caso). Yo declaro seis años de luto nacional, comenzados el 1° de diciembre de 2012, por los que han muerto, los que van a morir, por el país, por sus recursos, por su riqueza, por su gente, por todo lo que perderemos con usted, flamante acéfalo, al mando de este país.


PD. Me refiero a usted por usted, porque no merece que nos hablemos “de tú”, no porque le deba ningún respeto.

Sunday, December 23, 2012

Escalas



Por: Perro

La globalización y el capitalismo son el último crimen que cometió la humanidad contra sí misma. En el zenit de la catástrofe humana –pobreza, recursos limitados malgastados, deuda, muerte, extinción, insalubridad, epidemias, etc.- poco se puede decir que ilumine una salida a la situación actual del planeta. Es un mundo donde la principal empresa de elaboración y distribución de bebidas gaseosas (y otros productos que compran a los mercados locales –extinción de la competencia-) patrocina estudios sobre nutrición, diabetes y obesidad, donde se vanagloria a la belleza como objeto de consumo, donde la nueva protesta contra el control mental es a través de redes sociales, páginas y demás recursos cibernéticos –incluyendo al presente blog-. Mucho se critica de la visión actual de los distintos grupos de poder, y éstos responden mediáticamente con celebraciones de la estupidez humana que son consumidas con avidez por un inmenso porcentaje de la población. El falso altruismo, ése que se deduce de impuestos, ése que consigue publicidad sin gravamen, socava los pocos yacimientos de esperanza en el planeta. La farsa del “sentido humano” de la vida, de la moral de dos, tres, cuatrocientas caras, la política y sus actores, todos estos inventos tratan de convencer a la masa de que “todos somos uno”.

No existe tal cosa como la comunidad global. Es imposible. Los grupos humanos, aún cuando han sobrepasado los límites biológicos de interacción gracias a la adicción tecnológica (más detalles en la entrada titulada “Breve ensayo sobre la autenticidad electrónica” en este mismo blog) sólo ven por sí mismos. Empero, el altruismo verdadero es más frecuente de lo que podría imaginarse. Es cuestión de superar la ilusión de las escalas. ¿A qué apunto? Primero, imagine el lector su red social (real, no los amigos de Facebook, Goggle+, aplicaciones de los Smartphones –quienes suelen ser, ahora, más inteligentes que muchos de sus propietarios-, y demás medios de comunicación a distancia): Si pudiera salvar a la mitad de ellas, ¿qué criterio emplearía para elegirlas? Seguramente se fijarían posiciones para la familia (puede o no ser el caso), los amigos más cercanos, las personas importantes para ellos, etc. Se jerarquizan en función de lo que representan para nosotros. Es inevitable. Esta misma jerarquía aplica al momento de elegir entre quienes se repartirá un beneficio, y aún cuando presumamos de objetividad extraordinaria, siempre estaremos sujetos a estándares internos que son partícipes inextirpables de la decisión. Claro que existe la ética, pero ella ha sufrido mucho ya en las instituciones, y con tan mermada fuerza no reluce demasiado en asuntos mundanos. Segundo: asumimos que todos los Homo sapiens son, en principio, seres sociales con un sentido de altruismo o al menos una sensatez suficientes como para ejercer acciones que promuevan el beneficio en su grupo (desde uno –él o ella- hasta el número que sea posible). Este punto en particular se debe considerar para contextualizar  Tercero: también se asume, salvo en el budismo, el perjuicio, más allá del acto de perdón. Cuarto: la consecución del beneficio puede suponer una empresa enajenante para el individuo, casi una adicción. Por ello, puede emplear métodos que sobrepasen los socialmente admitidos e, inclusive, pasar por encima de códigos éticos y legales.

Así, se puede trazar el panorama completo de por qué es imposible la existencia de una comunidad global: dado que hay jerarquización comprometida por las interacciones sociales, el beneficio no puede ser para todos, pues no hay interacciones sociales con todas las personas del mundo. La empatía experimentada ante la presencia (simbólica o física) de otros individuos en situaciones desventajosas en un principio puede calificar como distribución altruista de los bienes; sin embargo, se denota que existe un beneficio para el actor: ya sea la simple sensación (moralista o no) de complacencia por ayudar, o motivos más ocultos como la evasión fiscal, favores políticos o incluso el pago de una “deuda religiosa”. Entre más beneficios haya por repartir, más poder se adquiere sobre la sociedad. Si bien es cierto que existen (sólo en la teoría) derechos o beneficios inalienables, intransferibles e inextinguibles, sólo algunas personas tienen acceso –limitado- a ellos. El beneficio económico sólo se hace patente cuando existe un desequilibrio, cuando no todos tienen acceso a todo. La dosificación del beneficio en forma de programas, apoyos, donaciones y demás mierda mediática es esencial para mantener el desequilibrio, y para encubrirlo: quien lo otorga se pinta color héroe, la sociedad de clase media manifiesta su aprobación con el apoyo al consumo de los productos o servicios responsables y así se hace partícipe del ciclo pobreza-empatía-apoyo. Pero para que sea rentable, debe explotarse al máximo esa falsa beneficencia: la pobreza, las llamadas capacidades diferentes, la “apertura” a la expresión libre de las preferencias sexuales, pertenecer a un grupo originario (también denominados indígenas, nativos, salvajes, aborígenes, indios, etc.), es decir, todas las minorías (que en su conjunto son la gran mayoría) son fácilmente explotables. Y la clase política es la mejor comercializadora de estas situaciones: derrocha el erario público en un puñado de personas y sus gustos particulares, en la milicia para garantizar que no habrá golpes de estado, en comprar propaganda, televisoras y demás medios para hacerse visible ante la clase media. Mientras tanto, promueve la preservación del folclor del que tanto gustan los extranjeros y los adinerados, mantienen al pobre, pobre. Así garantizan que siempre habrá pobres y desvalidos y homosexuales e indígenas, en situación desventajosa, exprimible. Y pueden, entonces, haber campañas de recolección de cobijas, el “buen fin”, juguetones, teletones, campañas sociales para la aceptación de los derechos homosexuales e indígenas, comisiones de desarrollo del campo, comisiones de preservación de la cultura indígena y demás parafernalia avocada a vender al sistema como una “organización” “responsable” y “bondadosa”. Y es en este nicho donde encuentran cabida las transnacionales, los grandes corporativos, siempre ávidos de dinero, de publicidad gratuita, disfrazada de participación social, disfrazadas de acciones que están obligados a hacer en tanto humanos y causantes de la desgracia que “solucionan”.

Y luego, no conformes con lo ganado en estas puestas en escena, se cuelgan del aparato fiscal y deducen las donaciones que convencen de realizar al público. Es una estrategia ganar-ganar-ganar. Nunca pierden. Nunca. Y la gente participa a cambio de migajas. Descuentos ficticios, apoyos no deducibles, donaciones inexistentes, participación comprobada y exenta de impuestos. Y la población no sólo no emite juicios en torno a tan sensible punto, se apega a esas actitudes y las exalta, aún cuando es en su detrimento. La población está absorta en el mundo mínimo que el mismo sistema le ha construido. Son tan vulnerables porque no se percatan de ello. Se preocupan por mantenerse vivos día a día. Y eso beneficia al sistema. Lo nutre. Lo cuida. Y, siendo así, lo que más molesta es que se preocupen por crear un teatro para un público tan reducido. Pocos cuestionan, indagan, sopesan, y deciden. El resto se deja llevar. Pero ese resto compone un porcentaje abrumador de la masa humana. Algunos deciden no decidir. Otros no tienen siquiera esa opción. No conviene que unos ni otros decidan. Y podrían ser, los políticos, las empresas, cínicos con sus acciones, y nada pasaría. Tienen la milicia y la policía de su lado, con la tecnología y metodología para perseguir, amedrentar, desaparecer y burlarse de quien pretenda cambiar sus intereses. Es estúpido que gasten miles de millones de pesos en montar “complejas” maquinarias para exprimir el voto, el dinero y la preferencia de las personas: no lo necesitan. Las generaciones anteriores de políticos y empresarios ya hicieron el camino. Poco queda por hacer. Ellos cuidan a su pequeña comunidad, se cuidan entre sí, y esbozan “elaboradas” estrategias para preservar sus utilidades, como el ignominioso “pacto por México”, que pretende hacer creer a la masa que sus intereses están por encima de los de la clase política, cuando en realidad es un cierre de filas entre los actores de una estrategia de extinción de criterio en la población mexicana. Es imposible pensar que un idiota del calibre del actual presidente del país (casado en segundas nupcias con una ex-“actriz” de telenovelas de televisa, la impulsora y principal interesada de esta presidencia de juguete) pueda tener intenciones de desparasitar a la masa, arrancar las herramientas del sistema del que él emana, más cuando realiza propuestas tan estúpidas como prometer “mejores telenovelas” (Proceso, 2 de marzo de 2012). No es creíble que desee que la gente piense y reclame que le han visto la cara toda la vida. Sólo importan sus amigos [no su familia; se presume que tentativamente mató a su primera esposa tras una serie de escándalos de pareja (Proceso, 11 de enero de 2007)] y la gente a la que le debe su posición política: el Grupo Atlacomulco.

Se entiende, entonces, que este grupo de individuos hará lo que sea por defender sus intereses a costa de la población. Cambian menores de edad y pornografía infantil por botellas de cognac, terrenos para mineras por grandes sumas de dinero, favores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por regalos, bonos y bienes inexplicables. Todos ellos ganan. Pierde la gente del pueblo, y es feliz con ello: resulta que el sistema les conviene porque en su mediocre escala, les permite jugar al mismo juego: tranza y aprovéchate de quien puedas, con tal de poder compartir lo que has acumulado con quien te interesa compartirlo.

Referencias:

·         Redacción de Proceso. Promete Peña Nieto mejores telenovelas al electorado femenino. Proceso (2 de marzo, 2012); disponible en: http://www.proceso.com.mx/?p=299806.
·         Villamil J. Peña Nieto: El político. Proceso (30 de marzo, 2012); disponible en: http://www.proceso.com.mx/?p=302702.
·         Redacción de Proceso. De 1910 al Teletón. Proceso (5 de diciembre, 2010); disponible en: http://www.proceso.com.mx/?p=258766.
·         Hernández Alcántara M. El escándalo por la conjura contra Lydia Cacho, la peor experiencia de Mario Marín. La Jornada, año 27, número 9508 (1 de febrero, 2011).

Monday, July 02, 2012

2 de julio

Por: Perro

Huele a revolución. Huele a inconformidad. Huele a fraude. Huele a esos aromas acres que nos invadieron en 2006 y tras unos cuantos calificativos se fueron diluyendo hasta hace unos meses que se comenzaron a revelar los detalles: que el fraude no ocurrió en tu casilla ni en la mía, no pasó en los consejos distritales del IFE ni viajó con los miles de acarreados. El fraude fue flagrantemente televisado. Estuvo ahí, expuesto, al alcance de todos. Nadie pudo frenarlo porque no hemos sabido cómo se combate el morbo, la pereza, la falta de exigencia, la tranza, los favores políticos. No sabemos combatir el dinero.

Queda claro qué quiere la gente: telenovelas, fútbol, Lopez Dóriga, El Gráfico con el muerto y el pedazo de carne femenina, la mordida, la obesidad, el clasismo, la no-educación. El país de No Pasa Nada. La simulación y el juego. El Potrillo, el reggaetón, televisa, tv azteca, mejores celulares, automóviles, créditos, préstamos, deudas, pretextos, $500 para festejar con Ron Bacardi dos días que ganaron el guapo y la actriz. Secundarias mediocres, preparatorias inalcanzables, cero universidades. Futuro como mecánico, como esposa, como microbusero, como jardinero en el gabacho, como vendedor de CDs piratas en el metro, revendedor de boletos, al margen de la ley, a’i lo que alcance pa’l chesco, compro y vendo, no crear, no generar, sólo consumir. Coca-cola, Pepsi, Sabritas, Bimbo y las despensas de Eruviel en el EdoMex. Los piropos, el humor simple, insulso y poco inteligente, “artistas” cantando al amor que quieren que vivamos, programas de concursos, modelos de Corona, de Telcel, de Banamex, de quien sean.

Queda claro qué no quiere la gente: Secretaría de Cultura, un gabinete académico y artístico, pensar, sacrificar, avanzar. No quiere trabajar. No quiere leer. No quiere crecer. No quiere protestar. No quiere la responsabilidad que conlleva una vida digna. Pero menos aún querría un movimiento que le haga responder por sus actos, elegir representación que le exija para servirle. Ayer me denunciaron a la FEPADE por querer firmar las boletas y ser representante del PT. Eso demuestra mucho de lo que tenemos en nuestras manos. En nuestras cabezas.

Lo último que podemos hacer en este momento es perder la cabeza, perder la memoria y perder la esperanza. Movimientos tan impresionantes como #YoSoy132 dejan una enseñanza y una posibilidad. Nunca en la historia el clasismo universitario había sido superado por una meta en común. Desde hace varios años la brecha entre los sindicatos, los movimientos estudiantiles, los reprimidos, los saqueados y los grupos obreros no se dejaba ver. Por desgracia, llegaron demasiado tarde a esta contienda. No existe la política en este país. Ganó el mercantilismo, no votaron por un presidente o una propuesta, votaron por la mierda mediática que les dieron a desear, votaron por una marca. Fallamos en ver la estrategia gestada desde 2005 (quién imaginaría un fraude fraguándose a la par de otro fraude).

El sistema exige respeto a las instituciones que nos defraudan. Ese gris y frío monumento a la indiferencia del pueblo, sumido, con la cabeza mirando al suelo en busca de migajas en lugar de tener los ojos puestos en lo alto, con un dejo de reto, de despecho. No necesitamos un cambio de cabeza, sino un cambio de vehículo. Tantos años demuestran que no funcionan las democracias, que son un nicho perfecto para que proliferen la corrupción, los favores, las promesas a cambio de votos, la centralización de recursos, el clasismo, el cacicazgo, no es más que una mala versión del feudalismo donde los nobles se benefician de la pobreza y trabajo del pueblo. Es hora de buscar otras opciones. Crearse una identidad y cobijarse en ella antes de pretender alcanzar cambios del tamaño de un dinosaurio. Entender al otro.

Causa curiosidad pensar en qué pensarán esos actores del fraude, de las ansias infantiles de poder, hoy, 2 de julio, al irse a dormir. “¡Qué bien! Engañamos al pueblo” “Seis años de gloria” “ya nos los chingamos seis años más” “ahora a pagar favores” “esta lanita no me caerá nada mal” “¿no que no, proles?” “a huevo”. Triste es que haya proles compartiendo falsamente este mismo ánimo. Ciegos, ineptos. Más macabro sería aún pensar que en verdad se la creyeron y se ven como una opción real para gobernar México.

No hay que preguntarse qué queda por hacer, pues es más lo que falta que lo que se ha hecho. Pero no debemos perder de vista que hemos hecho mucho, sólo que mal dirigido. Una revolución debe gestarse, no con las armas que ellos dominan –violencia, desorganización, clasismo, pólvora, macanas y escudos-, sino con las que no entienden. El gatillo de un libro está en el cerebro del lector.


 "Mi buen perro, mi bello perro, mi amado fifí, acércate
y ven a respirar un perfume excelente adquirido en la mejor
tienda de la ciudad".

El perro, agitando la cola -lo que es en estos pobres
seres, creo, el signo equivalente a la risa y la sonrisa- se
aproxima y, con curiosidad, húnde su naríz húmeda en el frasco
destapado; luego, reculando velozmente con horror, me ladra a
guisa de reproche.

"Ah, perro miserable, si te hubiera ofrecido un paquete
de excrementos, lo habrías olfateado con delicia, y quizá
devorado. De este modo, indigno compañero de mi opaca vida, te
pareces al público, a quien jamás hay que ofrecerle perfumes
delicados que lo exasperen, sino inmundicias esmeradamente
elegidas".



El perro y el frasco, Charle Baudelaire
"Poemas en Prosa"