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Wednesday, August 31, 2016

La indignidad nacional





Por: Perro

Parece que la estrategia política predominante para el gobierno federal hoy en día es: Dado que no podemos hacer nada bueno (total, ni cuenta), tendremos que hacer que se olvide la última estupidez con una estupidez de mayor calibre. De todos los errores que ha cometido el abyecto gobierno de Peña Nieto, posiblemente el único con el que todos los mexicanos sin excepción se deberían sentir ofendidos es con la invitación del pseudo mandatario a Donald Trump a pisar territorio nacional. Porque si algo le duele al mexicano, en común, es que le pisen la mexicanidad. Cuarenta y tres estudiantes muertos no importan a todos, pues son estudiantes. Y… ¡estudiantes de maestros! El conflicto magisterial se ha tornado en una polarización irrisoria. La gente está harta de los maestros, y no del gobierno que no hace nada por ofrecer una educación de calidad. Ante tal descontento, la evidencia del plagio de la tesis del presidente debería haber sido la fuerza que desequilibrara la balanza, el desempate ante la incongruencia de que alguien con un título robado, un delincuente (sí, el plagio es una ofensa que se resuelve por la vía penal) que fracasó académicamente, obligue a cumplir con estándares educativos a los maestros del país. Pero no. Imbéciles subnormales salieron a defender a Peña Nieto. A alabar la proeza de que, sin la tesis, pudo llegar a la presidencia. A decir que no se necesita ser académico para gobernar un país. Y muchos más, a minimizar la existencia del plagio. Feminicidios, ecocidios, fraudes, corrupción, conflictos de interés… siempre hay alguien para quien lo que se dice es una vil exageración y el empoderamiento de la estupidez en la casita de Los Pinos no es nada, o a lo más, es resultado y reflejo de nuestra condición de mexicanos.

Pero que en vísperas de la entrega de un nimio y vago informe de gobierno el atrevimiento estúpido de Enrique Peña, invitase a quien ha despotricado contra los mexicanos de las maneras más clasistas y racistas posibles, no debiera tener perdón. Que, so pretexto de una charla de estrategias con “candidatos presidenciales” del vecino del norte, haya profanado el suelo mexicano con alguien que más bien debiera ser proclamado persona non grata, no debiera tener perdón. Alguien que llamó a miembros de tu familia violadores, criminales, vendedores de drogas, y “lo peor que le puede ocurrir a América (sic)”, no tendría por qué realizar una visita a este país. Y por mera congruencia, si Peña Nieto tuvo el apremio de llamar ignorante (no sé con qué calidad ética) a Trump, debería haberse mantenido en ese canal y no invitar a tan odiado personaje.

¿Dinero? ¿Poder? ¿Una agenda política? No lo sabremos hasta dentro de unos meses. Peña Nieto una vez más se comportó a la altura de lo que esperamos de alguien cuyo nombre y prestigio político salió de Televisa, de alguien a quien le han construido desde la candidatura hasta la documentación legal sobre la que su poder se respalda. Se comportó a la altura de alguien casado con una actriz de la misma casa comercial. Como alguien cuyos mítines políticos eran más verbenas populares para manejo de imagen. Y México no debería comportarse a la altura de lo que estamos acostumbrados. Este debería ser el colmo, la pesadilla, la gota que derrama el vaso. Pero no será así porque en 16 días se celebra “la independencia” e irán a corearle los gritos a Peña. Al calor de las cervezas, las mexicanadas de siempre, el compadrazgo, el machismo, Valentín Elizalde o Juan Gabriel o Banda el Recodo o el Komander, todo se olvidará. Al grito de ¡Eeehh Putooo!. Nalgadas a la comadre. La mordida al alcoholímetro. ¿Trump? Su visita no nos afecta porque no somos gringos. O porque no tenemos familiares mojados. O porque yo sí tengo dólares. O porque no sé de, ni entiendo, ni me interesa la política mexicana o extranjera. Pero qué bueno que ya regresan los juegos de la Selección Mexicana, ahora contra El Salvador. Qué buena está la barra de programas de TV Azteca y qué lindo remodelaron a Televisa. ¿Leer? El TV Notas. Y pues si el gasolinazo, a mí no me afecta porque no tengo coche. Los desaparecidos no son míos. Si los maestros, pus yo ni estudio, pa’ qué le hago. Y así, esto también quedará en el olvido. En la indignidad.

Friday, January 18, 2013

Idiotas e idioteces



Por: Perro

Pocas cosas dan más coraje que lo que se vive hoy por hoy en este pedazo de México. Un inepto, un auténtico títere incompetente, producto del branding de televisa, se hace presente con dos pifias en menos de tres días: no saber qué es el IFAI, y no saber, perdónele el lector, quién fue Benito Juárez y cuándo vivió, no sabe restar 2013-144… bien. Esto es el gobierno federal. Si con vicente fox ya nos podríamos haber avergonzado de ser mexicanos, el idiota titular de la presidencia de “la república” hace parecer un erudito al charro de quinta del primer sexenio panista. Pero, lo peor, es que no se trata de un error del que el pueblo se queje. Es más, ni siquiera es un error del que se pueda quejar. En la más baja expresión de la holgazanería y franco desinterés estudiantil, se agolpan casos de “alumnos” de licenciatura que, en una escuela de corte marxista y de ideología política no-conformista, reclaman el no tener un “10” de calificación, cuando en el único reporte que se les dejó en todo un semestre, seis tristísimas páginas en Arial 14 con texto “redactado” al más puro estilo copypasteísta, se les otorga un nueve. Alumnos. Escorias. Pequeños cazarecompensas que gustarán de ir por el mundo mendingando cuanta mierda les haga sentir que avanzan un paso en la dirección que desean para no ser “el de hasta abajo”. Retardados auténticos con ausencia absoluta de hacer las cosas bien. No exculpo al profesorado, pero como bien se exclama en los recintos de enseñanza, el alumno debe aprender, a pesar del maestro. De nuevo, no lo justifica. Pero cuando uno tiene delante a un completo fracaso, lo mejor que puede hacer uno, por DIGNIDAD, es demostrar que eso no basta para romperle a uno la moral. Las bolas tal vez, pero no el ímpetu de seguir.

Vayan, pues, felices autodenigrados a regodearse con sus dieces y sus nueves. Vayan, a caminar por los pasillos sendos de la gloria comprada. Enfílense en el pri y hagan de sus vidas éxitos sencillos y no costosos. La esperanza que se ha depositado en ellos, en tanto jóvenes-que-son-el-futuro, ha muerto. Estúpidos autodenominados investigadores que no son capaces de realizar dos trabajos, uno por materia, y cínicamente dicen: “es el mismo de historia” y no son para cambiar siquiera el título. Y reclaman merecer un diez. Añoro los tiempos en que el alumno buscaba superarse por ser él un diálogo entre la ciencia social, la ciencia dura, y la sociedad. Extraño la rudeza con que se cuestionaba al profesor desde una cabeza llena de preguntas, ávida de información, atestada de crítica. Hoy, no son más zombies que los que llenan los gabinetes del famélico gabinete de gobierno. Y tú, amorfo pendejo, ¿con qué argumentos reclamas al títere de Los Pinos que no sabe?


Contrastes, pues aún hay algunos cuantos por los que vale la pena luchar. Hoy asistí a uno de los exámenes profesionales más extraordinarios que haya tenido oportunidad de presenciar. Pero, detrás, hay alguien que tiene una meta y algo por qué luchar.