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Sunday, May 12, 2019

Cartas a Vianney: Isolation/wearing the inside out



Por: Perro

Antes eran otros tiempos. “Qué pendejo eres”. Sí, ya sé que suena realmente estúpido. Tú siempre en pos de la perfección. A veces uno se siente ajeno al mundo. Ajeno a sus demonios. Ajeno a sus armas y sus sonrisas. A veces uno no es comprendido cuando se quiere estar acompañado en la soledad, o solo con alguien más. No es el acto de la soledad un soliloquio, sino a veces una extraña coreografía. Antes era más fácil hacer esa coreografía. El tiempo ha pasado y ha hecho todo más pesado. La vieja computadora que conociste aún funciona (increíble después de tantos años, ¿no?). Los achaques de la vejez me arruinan las mañanas y condenan mi atardecer. Ahora todo duele: las ausencias, los dolores, las despedidas, las distancias, la soledad. “Qué pendejo eres”. No, no, no. O sea, sí lo soy, pero no por este motivo. Lee más despacio. Voy a una velocidad encabronada que poco tiempo deja para contemplar siquiera el rumbo, ya no digamos el camino recorrido. Las promesas de mejores canciones se han marchitado. Me he vuelto ciego al color de la incertidumbre. Busco el confort en las cosas pequeñas: una sopa, un viejo archivo de Word, viejas canciones. Luego me pongo de pie y recuerdo que no debo recordar. O al menos debo de generar más recuerdos. Las lagunas son extensiones del campo de la mente que dejamos de cultivar y por eso se llenaron de líquidos estancos. Y entonces con cierta reticencia me como una fresa con Nutella, me invento rutinas, me oculto como un erizo de las luces, y pretendo que el solitario camino es reflexivo y no simultáneo reclamo y pregunta abierta. Ese camino solitario lo he recorrido muchas veces con mucha gente que, por sus ocupaciones más importantes, sólo pueden acompañarme en un holograma desvanecido por las luces de una ciudad dormida.

Llueve. Y recuerdo esos días donde la lluvia, polisémica siempre, brindaba cobijo y asombro. Esa lluvia que matizaba el paisaje churrigueresco que era mi vida. Siempre atiborrada de piso a techo y de pared a pared de miles de pequeños futuros. Me impresiona lo austero de mi actual existencia. Toda esa intensidad la he resumido en pequeños placeres que trato de otorgarme de vez en cuando, como pequeñas pasitas en la comida. Y todo sabe distinto. Antes necesitaba neveras llenas de diversidad para combatir el tedio de la cotidianeidad. Ahora soy más cotidiano y, emulando el efecto del vino sobre aquellos fastuosos sabores, la capa de rutina que cubre mi diaria existencia aniquila ciertas facetas y exalta nuevas. En verdad, las fresas no son mejores acá, sólo que la experiencia del sabor es totalmente distinta. Jamás había notado tantos sabores en una fresa.

Te he entrevistado varias veces en ese camino solitario. Nunca respondes. Para ser sincero, nadie lo hace y me apena terminar haciendo un monólogo un tanto intenso que me avergüenza frente a mis imaginarios invitados. Pero incluso en tales circunstancias me las arreglo para perder las discusiones. Termino entendiendo muchas cosas. Como el por qué de mi presente. El cómo es que se juegan varios torneos simultáneamente y no deberías perder en ninguno, sólo dar todo en todo momento. Y que ese todo, es en realidad un supuesto. Lloro. A veces. Por todo lo que se ha perdido, a veces desde el precámbrico. A veces lloro por no entender la inmensidad de los ciclos cósmicos y la terriblemente insignificante avidez por existir. Si aún existieras, te daría gusto charlar conmigo. Dentro de mi exagerada tristeza, me he vuelto más sobrio y la misma intensidad de la experiencia me ha hecho más ligero. Tengo temores nuevos, algunos que ni siquiera he estrenado. Ahora extraño lugares de este lugar extraño. Sigo, en la medida de lo posible, la realidad de los reportes reales que me traen noticias de otras dimensiones. Nunca dejo de escuchar mi música de chavorruco. Pink Floyd. Pearl Jam. Cada vez entiendo más y entiendo menos de la evolución. Platico con chinchillas. A veces no concuerdo con la aseveración de que existimos en tanto que pensamos. Muchas veces pienso pero ya no existo. David Gilmour, David Bowie, Dave Gahan (la importancia de  llamarse David, carajo). Naufragué y tuve una aventura al estilo de Life of Pi, pero mi tigre era un puma, se mató y fui rescatado por delfines que remolcaron mi barquito hasta una isla con ajolotes de mar. Caifanes. Tuve que inventarme platillos y dibujar mil mapas para salir del embrollo, y regresar al lugar donde nunca había estado. Aprendí a seguir las estrellas y olvidé la trayectoria de la luna. Ya no te escribo porque el cartero me dice que ha cambiado tu cabello, y estas líneas van y vuelven. Te has vuelto una invitada más de ese talk show de cada madrugada, pues. Pero otros amigos, un saxofón entre ellos, aún me traen noticias de ti y de todos ustedes. Camino sin los miedos de antes (entre ellos, las cucarachas) pero el dolor de la soledad me parte las rodillas. A veces abro los sobres con aquellas fotos color sepia de caracoles que perdieron su concha, de instantes congelados en pantallas de cristal, de comida que prometía contar historias. Más de una vez he visto la cara al universo, alguna de sus infinitas caras, y pensé que seguro disfrutarías de ese asiento de primera fila, mientras comentaríamos la inmensidad de la evidencia como espectadores en el cine. Al final resolví tu acertijo. Y por esa razón estuve mareado un tiempo. Y ahora, cada que dedico una mirada a las estrellas me pregunto si alguien allá también lanzará pensamientos al espacio, a las estrellas, a nosotros, tratando de que su Vianney reciba sus novelas.

Tras décadas de existencia en esta roca, la tercera desde el sol, aprendes que todas tus amistades terminan por irse. A veces otras entran. Pero cada vez llegan menos. A veces algún murmuro estelar te habla de ellas. A veces deseas que ese murmuro te traiga algunos átomos de esas personas, que los respires y se queden contigo hasta el siguiente cambio de células.

Se me ha terminado el tiempo por hoy y debo volver a la alegría de mi celda. And I went down…

                                                                                                                                                            …swingin.

Friday, February 02, 2018

Describa brevemente lo que pasó




Por: Perro

-I-

Pues nada, yo estaba así sin armar pedos ni nada, y que se acerca y pues que le pregunto que qué quería, y pues así sin aviso nomás me dejó ir un madrazo, sí, así bien plantado, pero pues no me iba a quedar así, y pues que me le dejo ir y pues ya, le puse sus chingadazos y pues ya me levanto, y que no se levanta, y llegaron sus cuates y pues yo me salí, ya quién sabe qué habrá pasado, yo creo que se lo llevaron al Seguro, no sé…


-II-

- ¡Ah! Y pues sí, así te digo, que el otro día me lo encontré en la calle.
- ¿A poco? Y ¿Qué te dijo?
-¡Ay! ¡Es un pendejo!
- Jajajaja ¿Por qué?
- Ay, pues nada, lo saludo y le pregunto que como está y así, y me dice: “Hace poco estaba pensando en ti” y yo así de…
- ¡Noooo! ¿Neta?
- ¡Sí! Pero no, espera, tons’ le digo “¿A poco? ¿Y eso?” y, ¿sabes qué me responde?
- ¿Qué?
- Ah, pues que sí, que porque se estaba bañando…


-III-

No, no sé. No sé qué pasó.


-IV-

Sujeto masculino, 88 años de edad. Antecedentes de diabetes reciente, tratamiento para la hipertensión interrumpido por el paciente y enfermedad coronaria detectada tardíamente. Paro cardiorespiratorio alrededor de las 19:15 hrs. La familia llamó a la ambulancia. Recibe primeros auxilios y lo reaniman. Llega al hospital nuevamente en paro; UCI 20:05. Reanimación en UCI por 18 minutos. Leve respuesta cardiaca. 20:45: Paciente estable. 21:19 cae nuevamente en paro. Reanimado a las 21:25. Fibrilación ventricular 23:49, se procedió a desfibrilación. Hora de la muerte: 00:36. Se trató de informar a la familia. No había nadie en casa. Nadie en la sala de espera. Dejaron cubiertos los gastos hospitalarios. Nadie reclamó el cuerpo.


-V-

Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada. Esto es un experimento literario. Aquí no pasó nada.



Aquí no pasó nada.


-VI-

Decíamos que sí. Decíamos que sí a todo. De pronto ya no. Envejeció. Envejecimos. Me hizo envejecer. ¿O es que acaso podía envejecer sin su ayuda? Todo empezó con el miedo. Miedo a gastar, miedo a caerse, miedo a morir, miedo a enfermar. Luego empeoró: miedo a defraudar a los demás, miedo a quedar fuera de su grupo de amigos, miedo a no tener. Cerca del final, eran miedos que me aterraban: miedo a no tener aceptación por su retraso tecnológico, miedo a no ser la persona divertida que la gente creía que era, miedo a mí. Creyó que yo era quien había perdido la cabeza. No había más remedio. Nos había condenado a morir juntos o perecer en la relación. Morimos. Creo.


-VII-

Ironía: gente que se queja de la lluvia porque se moja, o porque pierde el tiempo y no llega a trabajar para ganar dinero, para ahorrar, para ir a una playa a mojarse y perder el tiempo...


-VII ½-

Nunca lo esperó. Pero un día sucedió. Estaba totalmente fuera de su realidad. Esos accidentes son la clara definición de accidente. Mientras miraba alguna nota poco profunda en su computadora, llegó a su puerta. Apenas alcanzó a levantar la vista. Tomó su mano. No entendía qué pasaba, y no pudo entenderlo jamás. Salieron por la puerta hacia un patio que colindaba con una primaria. Le sudaban las manos. A los dos. En esa época del año no era difícil toparse con el uso de estos espacios para fiestas. Se escuchaban algunas canciones y algunas aberraciones. Con ese soundtrack de fondo, se miraron a los ojos. Ni siquiera con la mirada podían hablarse. Lo que había entre ellos sobrepasaba por mucho las charlas de pupilas. No podían decir ninguna palabra. No podían soltarse las manos. No sabían qué hacían ahí. Pero el hecho es que ya estaban ahí. Alea iacta est. Nadie podrá explicar jamás cómo puede haber tanta física y tan poca química en ese par. Tensión inimaginable y total desconexión. Otras historias de amor, o de sexo, o de cariño, o de la platónica práctica de no hacer, tienen un desenlace. Este par de idiotas no sabían cómo terminar la historia. Alea iacta est. Ni todo su historial de acercamientos y alejamientos con un posible coqueteo tácito en cada movimiento podía servir de marco de referencia para ese momento. Otra canción. Se mojaban los labios, como pistoleros que no se atreven a desenfundar sus armas. Medían a su contraparte. ¿Medían? Ni siquiera sabían que estaban ahí, al parecer. Seguían ahí. Jamás en la historia de la humanidad dos personas habían pasado tanto tiempo sin decir palabras. Había menos confusión en una redada. Había más calma en una guerra. No sabían cómo atacar. No sabían si atacar o no. No sabían si retirarse. Oh. No. Eso sí lo sabían. Alea iacta est. No hay cómo retirarse. No sentían sus corazones, pero éstos iban acelerando como un avión a punto de despegar. Sin alas, al parecer. Alea iacta est. Posiblemente podrían haberse quedado ahí hasta el final de los tiempos. Parecía que nunca habían jugado ese juego. Pero no era así. De tanto jugarlo, el regreso a las divisiones inferiores, a lo más básico, al tablero elemental, suponía un reto para el que tanta preparación les había dejado sin defensas. ¿A quién invocar para su ayuda? ¿Una cobra? ¿El ataque de un tiburón blanco? ¿La ráfaga del tigre? No. Esto parecía más una carrera de perezosos. Y ninguno iba ganando. Ni siquiera se atrevían a recorrer con la mirada algo más que sus ojos. Esos cuerpos que tantas veces habían deseado tocarse, besarse, fundirse, no sabían qué hacer ahora. En el momento decisivo. En el momento final. Alea iacta est. Y seguían sin moverse. La relatividad del tiempo se burlaba de ellos, y es que para los dos seres parados en ese agujero negro, en esa singularidad maldita del espacio/tiempo, todo giraba interminablemente. A una velocidad ofensiva. Pero para cualquier espectador ajeno a la escena, la inmovilidad de estos dos zopencos sería causa de risa, malestar y confusión absoluta. Entreabrió su boca. No sabía qué hacer con ella. Quería decir algo. Inhaló profundamente por nariz y boca. Nunca iba a volver a respirar. No como hasta ese momento. Entonces… Alea iacta est. Maremotos de mil océanos, todas las cobras y tigres y tiburones. Le ahogaron la respiración o la palabra o el beso que se asomaba tímidamente en la comisura de sus labios con otro beso. Ni siquiera supieron cómo pasó. La pasión se desbordaba, aniquilando de un golpe todo lo pasado hasta el momento. Si no sabían cómo empezarlo, infelices bastardos, menos sabrían qué hacer con ello. Sólo había pasión. Ni siquiera sabían del deseo, al que al parecer dejaron fuera de esa ecuación. ¿Amor? ¿Cariño? Pasión. ¿Necesidad, acaso?

Era de madrugada cuando por fin sofocaron el beso (en realidad, no sabremos cuánto duró pues nadie documentó el no presupuestado inicio). Música y palabras de borrachera se colaban por entre los huecos de los árboles del patio. Seguían tomados de las manos. Seguían pegadas las miradas. Decepción escurría de sus caras.


-VIII-

Frases asesinas:


Mi venganza será el día que me extrañes y yo ya no esté ahí. -L.A.-

Toda mi vida viví preocupado por algo que nunca pasó. -L.B.-

Aprovechen mi juventud, que no todo el tiempo estaré con esta vitalidad ni con estas ganas de seguir viva. -L.C.-

He who forgets will be destined to remember. -E.V.-

Ante la evidencia, no hay argumentos//Contra factum non valet argumentum.


-IX-

Las segundas oportunidades, las segundas veces, los segundos aires, son premio a la perseverancia de aquellos que sobrevivieron a los primeros fracasos, los primeros dolores, las primeras negativas. Se reservan para quienes les valió madre y apostaron contra la biología, contra la herencia, contra la estética, contra el arte, contra el gobierno, contra su historia, contra ti, contra mí y contra todos los linajes.


- X-

Siempre es el mismo sueño. Lástima que la reiteración del mismo no lo haga más real.

Algo pasa, siempre es algo. Ni modo que comience de la nada; nunca fui esa clase de persona que despierta pasiones por mera existencia. Accidentalmente, se acortan las distancias. Accidentalmente comienza todo. Las tardes a la orilla del río. Cervezas de madrugada. Domingos. Esa vez que viajamos a la islita donde había comida de mar fresca, y te asustaron las gaviotas que querían compartir el  buffet de mariscos. Ese beso. Y ese otro. El stress y cómo acostumbramos a combatirlo con arte; ese arte cada vez más abstracto de pintar sobre tu espalda desnuda, abstracciones resultado de volar contigo cada vez más y más alto. Construir memorias para más tarde, juntos. Festejos. Y tristezas. El funeral que por más que abrazaba tu cuerpo no conseguía pegar tu corazón roto. Había más dolor en mí por verte así que en el resto de la sala. Y la discusión con vino tinto sobre lo inmaterial de la materia viva, de la materia querida. Tu disgusto por la cátsup, y el mío por hablar en público. Cuántos desvelos por amor y cuántos por diferencias. Tu cabello en mi rostro, siempre. Me mantuviste siempre con los sentimientos a flor de piel, me hacías sentir tanto que me dolía la nariz de tantos olores de colores que tus palabras evocaban. Nos perdimos donde podíamos y debíamos perdernos, y así fue que nos terminamos de encontrar. El museo en que nos quedamos perplejos llorando frente al cuadro. 30 minutos… Siempre que recordábamos esas primeras semanas, el sólo recuerdo nos arrojaba a la alcoba. Transformamos lágrimas en sonrisas, sonrisas en promesas y promesas en recuerdos. No siempre, porque esto no es una novela rosa ni una película de ésas en las que la trama es tan predecible que difícilmente llegamos a compartir una o dos. Aeropuertos. Aquel concierto que por besarnos nos perdimos casi completo… El diagnóstico y el tratamiento que, en cuanto me tomaste de la mano, se hicieron nimios. Dos mundos tan distintos que a pesar de impactarse severamente una y otra y otra vez el uno contra el otro, jamás se destruyeron ni se hicieron uno solo, pues su danza los seducía más que cualquier fusión. Y al final de mis días, la tristeza de dejarte por saber que en verdad me ibas a extrañar. No por la ausencia, sino porque a esta historia se le había terminado la tinta.

Lástima que todo fue sólo un sueño.


-XI-

"A veces es muy difícil imaginar lo que uno es capaz de lograr por amor. Esta, señoras y señores, es la historia de un descubrimiento cuyo motor fue la única persona que me falta en esta sala esta noche. Porque por ella crecí hasta este día y este lugar, y a veces ni siquiera estando en la cumbre es suficiente, porque queremos complacer escalando montañas a quien busca navegar océanos".

Sunday, December 23, 2012

The Big Crush Theory



Por: Perro

El pseudoexistencialismo se ha vuelto un sitio común, un consuelo recurrente para apaciguar, justificar o aminorar ciertas conductas y problemáticas que se encuentran en la vida diaria. Pero ¿hasta qué punto este escudo, esta disculpa, brinda un verdadero regocijo, un alivio, para todo aquello con lo que no queremos, o podemos, lidiar? Recuerdo que cuando era chico, la forma de afrontar el dolor (físico) consistía en recordar que en un tiempo, unos días, ese dolor habría desaparecido para siempre. En ocasiones la gente finca sus esperanzas en la esperanza última: que esa situación termine. Pero las preguntas (pseudo)existencialistas dieron lugar a razonamientos –su validez no será discutida en este texto- cuya propuesta puede mover las motivaciones personales a un camino sin final. La esperanza en la desesperanza de la esperanza.

Podemos esperar a que el dolor pase (“el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, decía Siddhārtha Gautamá). Se puede esperar a que mejore el clima, el ánimo, a que termine este año, este período de tiempo, este sexenio. Hay quien pretende la muerte pasivamente, y da por sentado que esta vida es sólo una transición a un espacio-tiempo distinto, mejor.  Así, se puede aguardar al término de la vida con la promesa de otra oportunidad. Reset. Y si todo termina, si todo llega a su fin, ¿para qué hacer?

El final definitivo, de acuerdo con ciertas propuestas físicas actuales, podría ser el final del universo mismo. Se propone que uno de esos finales será una reversión al estado inicial supercompacto de densidad infinita por acción de la gravedad. Este desenlace en particular no deja lugar para salvar evidencia alguna de nada cuanto acontece, aconteció y acontecerá en ningún rincón. Y entonces, todo lo que se haga, bueno o malo, todos tus triunfos, todos tus fracasos, los errores y los aciertos, las decisiones útiles y las inútiles, los engaños, las mentiras, las notas de cordura, todas tus locuras; las historias, los miedos, las demasiadas generaciones que pesan sobre todos desde el pasado, y la responsabilidad de las venideras; la evolución, la música, la guerra, la iglesia, el dinero, los 10 000 actos de bondad de Gould, las familias, las relaciones que terminan, los accidentes, cada muerto, cada especie extinguida, cada enfermedad combatida, cada comentario fuera de contexto, las vergüenzas, los momentos épicos, las peleas, las visiones, las ideas, las teorías, la arquitectura, el conocimiento, los secretos, los premios, las deudas, las urnas robadas, las voces excluidas, la discriminación, los reclamos, la tortura, la historia, el plagio, la fama, el efímero reconocimiento, los resultados, las fobias, los recuerdos, los gritos, las invenciones, la mitología, las explicaciones, los pretextos, las recetas, los olvidos, las condenas, los orgasmos, las cirugías, la poesía, los dolores, las preocupaciones, las primeras veces, las últimas veces, las despedidas, las discusiones, la posteridad, las apuestas, los consejos, los atardeceres, las lágrimas derramadas, los préstamos, lo peor y lo mejor de esta historia, de esta especie, de esta realidad, todo, se compactará sobre sí mismo y no quedará rastro alguno de nuestra existencia. Los nuevos universos potenciales que se generen después de ese Big Crush serán ajenos a todo cuanto ocurrió, de la misma manera en que nosotros lo somos no de universos pasados, sino de lo que ocurre en este momento dentro de este universo, fuera de nuestra galaxia, fuera de nuestro sistema solar, fuera de nuestro planeta, de nuestro país, de nuestra comunidad, fuera o más allá del lugar donde respiras en este momento. Esta frontera de eventos nos permite hacer consciente lo vasta e insignificante que es la existencia. Desde esta perspectiva, la evidencia del absurdo al tratar de encontrar una posición y una explicación de la situación de la consciencia humana en el contexto del universo es abrumadora. Los grandes problemas de la humanidad resultan insignificantes no por carecer de importancia, sino por la facilidad que supondría su resolución en tanto producto de la historia –mínima- de sus actores. Y más ridículamente ínfimos se antojan los eventos personales, intrascendentes más allá de unas cuantas personas; problemas propios de las relaciones humanas, nacidos del hecho de discutir a la persona, de criticar al otro como ajeno a la vivencia diaria, de ese egoísmo de querer que las cosas salgan como uno –seguro conocedor de su posición en el universo- supone, o asume, que deben de salir.

¿Qué hacer? Vivir y abarcar tanto de esta existencia espaciotemporal como sea posible. Independientemente de que creas que hay otro plano existencial posterior a éste, o que no lo haya, que exista un futuro u otra dimensión, o que la frágil vida termina y con ella toda posibilidad… no somos conscientes de su presencia. Se puede pensar que están ahí, esperándonos, pero eso no demuestra su existencia. Vive hoy. Procura no quedarte con ganas de nada. Total, si es un error o un acierto, al final, no persistirá. No es, empero, una invitación a la falta de consideración y consciencia de los actos; una justificación al comportamiento desmedido que afecta a terceros.

Bien dicta la sentencia: quien mata el tiempo, no es un homicida, es un suicida.

Sunday, January 17, 2010

¿Cuánto daño?


Por: Perro


Sientes mis brazos alrededor de tu tronco

El calor de mi aliento en tu espalda

Cierras los ojos y hueles mi piel


El sudor de las palmas de tus manos se unta en mis antebrazos

Un beso coqueto en tu cuello

¿Qué te cuesta regalarme una tarde?


La parte baja de tu espalda se aprieta contra mi

Mientras se derrite tu cintura

Muerdes tus labios mientras sientes cómo me deslizo por debajo de tu blusa


Y llego a lo más recóndito de tu exquisito ser

Y sientes ganas de llorar por lo que has dejado de lado esa tarde

¿Crees ahora que la barrera es infranqueable?


Tus labios rosas dejan en claro lo que deseas

Pero tu cuerpo duda en lo que siente

Piensas haber perdido, ¡qué decepción!


La cercanía nos disuelve

Te quiero más de lo que te deseo

¿Será que podemos prolongar lo instantáneo?


¿Crees que yo no tengo miedo? ¿Acaso soy inmune al fracaso?

Ni siquiera me considero probable para ti... ¿Cómo no habría de temer siquiera mencionar mi sentir?