Friday, October 03, 2008

3 de octubre



Por: Perro


En el colmo de la falta de memoria histórica del colectivo de colectivos que habitan Mezxicco (literalmente: “lugar en el ombligo de la luna”), los eventos que definieron una generación, una postura –en su momento- de la máxima casa de estudios de nuestro país, el entorno sociopolítico de un México que adolecía de fragmentación y que portaba una máscara ante el mundo –los XIX Juegos Olímpicos de México 1968-, han muerto. Los han asesinado vilmente al dar el “carpetazo” al caso de México 1968. El imbécil en turno en la silla presidencial de este país de mentiras y contrastes ha permanecido a la expectativa y no tiene los pantalones para reabrir un expediente que por demás no lo afecta: simplemente desea que el país siga sumido en la mentira, en la desinformación, en preservar “intacta” la visión que se tiene sobre el ejército, el uso de la fuerza militar (a favor de la defensa del pueblo, dicen) y de los mandatos presidenciales de este país. Aún cuando Amnistía Internacional ha pedido que se examine a detalle el expediente y se aclare lo sucedido, poco se podrá hacer pues no se puede confiar en que lo que se entregue sea verdaderamente el registro de los hechos, sino una novela donde las versiones se contradicen y al final un pueblo feliz es salvado heroicamente por nuestras Fuerzas Armadas de la subversión, el alcoholismo y la drogadicción que caracterizan a los “44” (si, la versión oficial es 44) “fallecidos” (porque tampoco se espera que digan los hechos con todas sus palabras: ASESINADOS) en la Plaza de Tlatelolco aquella tarde de 1968.


México, DF, 2 de octubre de 1968, 18:00

Un grupo de estudiantes, trabajadores, amas de casa, y otros animales peligrosos para el país (¿Será que en ese momento también se les adjudicaba la frase “Un peligro para México”? tal vez por eso no se quiere exponer el papel al aire…) se reúne en la plaza de Tlatelolco para apoyar el movimiento del Consejo Nacional de Huelga a diez días del inicio de los Juegos Olímpicos de México ’68 que fueron ingeniosa y apropiadamente llamados “Los juegos de la Paz”, quienquiera que Paz sea. Al oscurecer, un grupo de héroes disfrazados de villanos por unos pocos entraron triunfalmente en la Plaza de Tlatelolco y lograron abatir al lastre social que representan los estudiantes en nuestro amado México. 44, 500, da lo mismo, total, ni quién vaya a recordarlos en unos años. El movimiento del CNH, que en ese momento tuvo todo para asegurarse un escaparate internacional para poner en manifiesto la situación del México de aquel entonces, vendió su fuerza en un pacto de “no manifestaciones” del 12 al 28 de octubre y la ciudad se mantuvo sitiada por militares y turistas, dando lugar a que se enfriara el pueblo, el coraje, la tristeza, y a cambio, nuevamente, Panem et circenses y después, Luis Echeverría, asesino no confeso, pudo llevarse como recuerdo el haber organizado las Olimpiadas más sarcásticas de la historia: celebrar el espíritu humano y la convivencia pacífica de muchas culturas en torno a un evento que había sido manchado por sangre de estudiantes, amas de casa, trabajadores y otras molestas criaturas de un inframundo que fastidian con su presencia a las clases económicas media (hoy extinguida) y alta de un mundo que no entiende lo que no vive.


México, DF, 2 de octubre de 2008, 18:00

Ha cambiado el mundo. México recuerda con unos cuantos a los asesinados en 1968 en la tristemente célebre Plaza de las Tres Culturas y la masa actual, más preocupada en cómo llegar a sus sitios de trabajo, esparcimiento, encuentros sexuales, descanso o perdición maldicen a los revoltosos que taponean las calles con manifestaciones sórdidas. Muchos de los habitantes de nuestro México no saben ni qué es la matanza, ni qué es la UNAM, ni por qué se recuerdan los hechos, ni qué tiene que ver eso con nada más de sus vidas, ni habían nacido y menos les interesa. Viven y estudian, algunos de esos, en la Universidad Nacional Autónoma de México y no sienten el peso que conlleva ser parte de esa comunidad. No entienden que ser parte de la UNAM no es sólo prestigio académico sino honor de cargar con toda la historia de millones de personas que han pasado por sus pasillos, que han colocado las rocas con que se formaron sus cimientos (en todos los sentidos) y que en algún momento pudieron ser la base de una nueva sociedad mexicana y hoy parece ser que han renunciado a ello en pos de un estilo de vida más ligero, más seguro, más despreocupado. Otros más recuerdan el 2 de octubre como el día en que por fin México logró el campeonato del mundo de fútbol (sub-17) y por ello sienten que es un motivo de orgullo y festejo, que las tristezas pasadas deben olvidarse y que es una muestra de cómo el deporte siempre ha estado presente en la historia del mexicano (me pregunto cómo un país con 10 millones de diabéticos y 30% de población con sobrepeso puede verse tan marcada por eventos deportivos… aaaahhh!!! Claro!!!!! Gracias Sabritas, Grupo Modelo, Maseca, Coca-Cola –Siempre en los grandes eventos [no veo ningún camión de Coca-Cola en las fotos de la masacre del ’68… mentirosos!]-, Pepsi, Wonder, Bimbo…). En el ’68 no mataron sólo 500 personas, mataron la esperanza de un país unido, una base social responsable y cauta, mataron toda posibilidad de crecimiento y dejaron en terapia intensiva (más bien en coma) la posibilidad de contar con una identidad para un México que hoy no existe. Somos el patio trasero de un imperio mediocre gobernado por la cultura del miedo y la desconfianza que colinda con Guatemala y Belice a quienes, de no ser por el fútbol –y por el gran poeta Ricardo Arjona-, el pueblo no conocería. Hoy ser de la UNAM implica ir a los partidos de los Pumas, tener para el carro y la gas, weee, porque como no pago colegiatura, weee, pues nos vamos a Cuerna, no, weee? No existe ya la consciencia social de los estudiantes, y poco a poco se pierde la esperanza de que renazca cuando aún su cuerpo académico pretende olvidar lo que es el ideal y el espíritu de la que es, según, la Universidad mejor posicionada de Latinoamérica. ¿Acaso nadie puso atención? ESTUDIANTES, AMAS DE CASA, TRABAJADORES, apoyando un movimiento de maestros y alumnos de los “rivales” IPN y UNAM. Pudo haber marcado la consolidación de un sector de este país. Hoy, a nadie le importa.


¡Por mi raza hablará el espíritu! Y vaya que tendrá mucho que decir… pobre raza, pobre espíritu…

Monday, August 11, 2008

Fragilidad y Fortaleza


Por: Perro


La mujer, Homo sapiens 46XX: De estructura estilizada, posee una mezcla deliciosamente aterradora de fuerza y delicadeza (no hay quien vea en una mujer sólo fuerza o sólo fragilidad, he ahí la razón de su éxito como entidad biológica que nació para escoger de entre miles que la pretenden). Tiene por capacidades una mirada que sostiene ante cualquier amenaza pero también ante situaciones de cortejo. Posee tantos sitios donde fijar la mirada –o con mayor confianza, las manos- que confunden. No son culpables de atraer la vista de cualquiera que las divise hacia dichos puntos, si bien la biología eximiría de una parte de la culpa también a quien ose cometer este acto: ¿quién puede culpar a las redes neuronales de activarse ante dicho derroche de belleza natural, Helenas todas ellas, si su única falla es la de detectar la perfección de los trazos?


De su tórax se desprenden brazos que rematan en unas manos muy sensibles. Dichos brazos ocupan toda su fuerza para lograr acciones que pocas veces nos sorprenden pero que sin embargo suponen un reto a la fisionomía femenina, poseen gran aguante y los emplean en las más diversas tareas. Hacia el norte remata en un juego de cervicales que, en conjunto con juegos musculares adecuadamente dispuestos, dan origen a un soporte cefálico impresionante por su acabado fino y su extraordinaria fuerza. Se trata de un pedestal que salvaguarda la arquitectura delicada que da forma a las facciones de la cara que reconoceremos el resto de nuestras vidas y que grabaremos con ayuda de algún estímulo como una sonrisa o mirada que impregne la memoria con su esencia. Asimismo, esa región es susceptible de ser estimulada con suavidad y reacciona, bruscamente en ocasiones, provocando el movimiento de un conjunto de hélices de proteína que se conocen como cabellos, y cuyo meneo provoca un vértigo especial, más si se puede tener contacto con ellos, en particular sobre la tez propia. Generalmente perfumados con delicadas fragancias: rara vez una mujer huele mal, a menos ante las narices de quienes las amamos.


Del frente cuelgan dos redondeces, de tamaño variable, para todos los gustos, que pueden sufrir cambios en función de la gravedad, dando efectos inimaginables, tal como se puede jugar con la apariencia de una escultura que se observa con distintas formas de iluminación. Se dice que guardan leche en periodos perinatales, más en realidad mantienen almacenada una explosiva mezcla de sensaciones que ellas perciben a través del comportamiento de quien se prende de ellos. Son, empero, uno de los detonantes más poderosos así mismo de la salvaje condición de animal de Homo sapiens 46XY, sin pretender justificarlo, puede enloquecerlo al grado de ofender, de lastimar, de morder, de denigrar, sin que por ello podamos decir que es entendible dicho comportamiento.


Hacia el sur la cintura desemboca en el mar de las caderas, sitio donde también se han perdido muchas vistas navegantes y se reencuentran con el aire cual náufragos sobre la arena, tan pronto se recupera el aliento de sobrevivirlas. Protegen la entrada del centro de creación en su máxima expresión, sitio donde recombinará la historia con el potencial a futuro, los linajes de todos los antepasados del mundo y se escindirán en todas las posibles descendencias, el retorno a la vida, el símbolo de la semilla, del entierro, de la tierra fértil que convierte horas de placer, adrenalina y serotonina en descargas hormonales, dolor y sangre nueva. Es también la cueva donde millones han muerto en las ansias, compartidas con cualquier espeleólogo, de encontrar el fondo, el principio del vacío que impera desde dentro de la tierra desde el principio de los tiempos. Se han cansado de tratar de llenar ese vacío simbólico, grande y noble.

La mujer individual: De estructura delicada, posee una mezcla de capacidades mentales extravagantes y fortaleza engañosamente aterradora (no hay quien pueda mentirle a una mujer mirando a sus ojos, sin sentir que deja en ello una parte de su vida que no podrá recuperar jamás). Tiene por capacidades poder ver más allá de lo que dejamos ver, porque una mujer sabe ocultar pero también sabe cuando le ocultan. Posee tantos pensamientos y sentimientos donde perder la noción del tiempo –o con mayor descuido, la razón- que confunden. No son culpables de hacer sentir por ellas un deseo incomprensible de ser deseados por ese cúmulo de pensamientos y sentimientos, si bien la sociedad eximiría de una parte de la culpa a quien ose enredarse entre sus ideas: ¿quién puede culpar a nuestras señales químicas por liberarse ante dicho derroche de emociones, Afroditas todas ellas, si su única falla consiste en no alertar sobre la posibilidad de perder el juicio con un beso?


De su tórax se desprenden brazos que rematan en unas manos muy sensibilizadoras. Dichos brazos ocupan toda nuestra fuerza para lograr acciones que pocas veces nos sorprenden pero que sin embargo suponen un reto a nuestra individualidad, poseen gran fuerza de persuasión y nos mueven para que las protejamos de las más impredecibles inclemencias (incluidas las que nosotros mismos, amantes de las mujeres, provocamos). Hacia el norte remata en un juego de cervicales que, en conjunto con juegos musculares adecuadamente dispuestos, dan origen a un soporte cefálico impresionante que supone uno de los sitios de contacto más sensuales de que se tienen noticia. Se trata de un pedestal que salvaguarda la ingeniería delicada que da forma a las acciones de la compañera que reconoceremos el resto de nuestras vidas y que grabaremos sin ayuda de mayor estímulo que el provocarnos una sonrisa o desviar hacia ella nuestra mirada de forma tal que su inconsciente roba nuestra esencia. Asimismo, esa corteza cerebral es susceptible de ser estimulada con detalles y reacciona, bruscamente en ocasiones, alterando el curso de los pensamientos y acciones premeditadas, y cuyo vaivén provoca un vértigo especial, más cuando son las primeras ocasiones en que observamos dichas respuestas. Generalmente rematadas con delicadas palabras: rara vez una mujer se escucha mal, a menos ante los oídos de quienes las amamos.


En su frente se enclavan dos redondeces, de pequeño tamaño, para todos los gustos, que pueden sufrir cambios en función de la situación, dando efectos inimaginables, tal como se puede jugar con la apariencia de una belleza natural que se visita en distintas épocas del año. Se dice que son la ventana del alma, más en realidad mantienen almacenada una explosiva mezcla de emociones que de ellas emanan a través de su comportamiento cuando alguien se prende de ellos. Son sus emociones, empero, uno de los detonantes más poderosos así mismo de la innegable condición incomprensible de Eros (el gusto del hombre por el hombre, porque es más fácil entender lo que no es diferente), sin pretender justificarlo, puede enloquecerlo al grado de ofender, de lastimar, de mutilar las oraciones de la mujer, de denigrar, sin que por ello podamos decir que es entendible dicho comportamiento.


Hacia adentro su cabeza desemboca en un río de aguas dinámicas, sitio donde es fácil perderse y zozobrar entre caprichos y peticiones razonables que se confunden y nos dejan como gladiadores tras la batalla, exaltada nuestra persona pero con el cansancio de quien cumple una peligrosa campaña y se reencuentran con el aire tan pronto alcanza la cima de la montaña, sólo para ver que hay neblina. Protege la entrada del centro de creación en su máxima expresión, sitio donde recombinará las experiencias pasadas con las expectativas a futuro, los precursores de todos los errores y aciertos de su mundo y se escindirán en todas las posibles vivencias, la continuidad de su vida, el símbolo de las plantas, del tronco y las raíces, del trabajo útil que convierte horas de esfuerzo, adrenalina y dopamina en descargas eléctricas, color y sensaciones nuevas. Es también la inmensidad del universo donde millones han muerto en la espera, compartida con cualquier astrónomo, de encontrar el límite, el principio del silencio que impera desde dentro de la tierra desde el principio de los tiempos. Se han cansado de vagar por entre las estrellas de pensamientos, nebulosas de sentimientos, fugaces destellos de esperanza y galaxias de nobleza


La mujer, una experiencia: De estructura deliciosa, posees una mezcla francamente anestésica de fuerza y delicadeza (no hay quien pueda verte y se resista a pensar en tus labios curiosos, delicados, sabor a fruta grasosa por el labial color cereza que usas). Tienes por cualidades una mirada que me desconcierta y no sé si estás huyendo o promoviendo el cortejo. Posees tantos sitios donde fijar la mirada –o con menos preocupaciones, las manos- que confunden. No eres culpable de atraer mi vista hacia dichos puntos ni de hacerme querer besarte las ideas, si bien la experiencia me eximiría de una parte de la culpa también por osar cometer este acto: ¿quién puede culpar a mis estúpidas redes neuronales de activarse ante dicho derroche de belleza natural y pensamiento misterioso, simultánea niña y mujer toda tú, si su única falla es la de emocionarse ante la perfección de tus trazos y ante la dulzura de tu voz que pronuncia lo que siempre quise escuchar, aunque efímero fuera?


De tu tórax se desprenden un par de delicados brazos que rematan en unas manos muy estilizadas. Dichos brazos ocupan toda su fuerza para lograr acciones que nos sorprenden pero que sin embargo no representan mayor reto que el sentirse bien juntos el uno con el otro, poseen gran carga de sensaciones y los empleas en las más diversas tareas.

Hacia el norte remata en un juego de cervicales que, en conjunto con un toque de perfume y la suavidad de tu piel adecuadamente dispuestos, dan origen a un camino de impresionante sensualidad por los matices de olores, temperaturas, sabores y texturas que me dedica conforme lo recorro con mi vista, olfato, gusto y tacto. Se trata de un pedestal que salvaguarda la naturaleza delicada que da forma a los sinsabores y condimentos de mi existencia, que compartiremos el resto de la vida de nuestra relación y que grabaremos en el inconsciente de los dos sin más ayuda que los momentos vividos, la intimidad común a ambos, las discusiones que celebran nuestras diferencias y la tristeza del seguro desenlace. Asimismo, estamos en una situación espacio-temporal susceptible de ser estimulada con cualquier acción y reaccionar, tardíamente en ocasiones, provocando el movimiento de un conjunto de emociones de origen en dos puntos cualesquiera que no son arbitrarios porque viven dentro de nosotros y se alimentan de nosotros, hasta el día de su inevitable muerte porque sabemos que hay mejores y más lejanas cosas y experiencias que nos llamarán a la separación. Generalmente aderezados con exquisitas idealizaciones: rara vez una relación sabe mal, a menos ante las bocas de quienes desean aún besarse.


Del frente cuelgan dos problemas, tu inseguridad y la mía, de tamaño variable, para todos nuestros disgustos, que pueden sufrir cambios en función de nuestro estado de ánimo, dando resultados inimaginables, tal como se puede jugar con los caminos cuando se cambia el rumbo sin decir por qué. Se dice que guardan los secretos de los celos, más en realidad mantienen almacenada una explosiva mezcla de culpas que se perciben a través de nuestro comportamiento cuando no estamos prendidos el uno del otro. Son, empero, uno de los detonantes más poderosos así mismo de la innata condición de animal de ambos, sin pretender justificarnos, puede enloquecernos al grado de besar, arañar, morder, dormir uno junto a otro por la tarde olvidando que el mundo sigue girando, sin que por ello podamos decir que es entendible dicho comportamiento.


Hacia el sur nuestras cinturas desembocan en la selva de los genitales, sitio donde también hemos perdido la cordura (con o sin cariño) y se convierte en la región más sincera, donde los orgasmos no mienten y la cercanía es superflua. Son la salida del centro de instinto en su máxima expresión, sitio donde recombinará la historia permitida de los dos con el potencial incierto de seguir a futuro, las experiencias que pondremos a disposición en la naciente relación y se escindirán en todas las posibles consecuencias, el retorno al inicio, la aceptación de nuestra condición de humanos con pasado, el desentierro de los traumas, de las preguntas incómodas que desean salir a flote y buscar respuestas que conviertan horas de incertidumbre, adrenalina y saliva en recuerdos cálidos, dolor y llanto nuevo. Es también la madeja de DNA donde millones han muerto en la incertidumbre, compartida con cualquier biólogo molecular, de encontrar la verdad, el principio de la vida como la conocemos que impera desde dentro de nuestras células desde el principio de nuestros tiempos juntos. Se han cansado de tratar de existir con un vacío real, frío y seco.

Por temporada: Se busca pretexto


Por: Perro


A veces se puede decir que es insuficiente la cantidad de palabras para expresar lo que se siente. En ocasiones se puede decir que es insuficiente la cantidad de eventos vividos para la necesidad de expresión que tenemos. Lo que es cierto es que nuestra nece(si)dad (para más información sobre la curiosa relación entre la escritura de ciertas palabras, remítase el lector a:
http://lastierrasyermas.blogspot.com/ y a un texto con personajes llamado Entre Marx y una mujer desnuda del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum) de expresión nos lleva a crear. Creamos para otros y para nosotros mismos, aunque siempre es más auténtico olvidar el para qué y dejar sólo el por qué: porque quiero sacar algo.


Un pretexto: Darle a nuestra expresión una causa (formalmente le llamaremos excusa o pretexto) equivale a darle un creador al universo: no podemos explicar su aparición y nos come el vacío si no podemos justificar su existencia como el resultado de un evento inicial. ¿Por qué hemos de decir ante quien sea, incluso nosotros mismos, que el nacimiento de tal expresión es producto de un algo? ¿O sea que, si no hay motivos, no puedo generar algo que no existe? Entonces habrá mucho trabajo para justificar cada una de las acciones, y esto no será siempre posible, por fortuna (”bienaventurados los que carecen de moral, porque de ellos no será ningún reino post-terrenal, pero sabrán gozar la vida”).


Piense el lector, por favor, en alguna de sus tantas vivencias y póngale un punto inicial. Escojamos el beso sabor ron/cerveza/tequila que damos o nos es dado. Si hay un lazo, sentimental o no, con otro Homo sapiens, mejor. Es deprimente que al día siguiente de dicho evento se recurra a la poca cabeza que nos queda en ese momento (por demás aturdida) para inventar un pretexto –durante el transcurso de lo que suele llamarse, hipócritamente, cruda moral-: me sentía solo, bendito/maldito alcohol, me quiere separar de él/ella/ti, me quiero separar de él/ella/ti y por eso pasó, y un largo y entretenido etcétera –obviamente entretenido unos años después, en primera persona. En tercera persona puede aplicarse inmediatamente el adjetivo-. Pero no es cuestión de explicarle a nadie, ni a la primera ni segunda ni tercera persona, o al colectivo involucrado (de manera voluntaria o involuntaria, sea por ellos mismos, sea por los actores) lo ocurrido, sino de saber que fue y que nos gustó o no. Punto.


Así igual pasa con los textos y en general cualquier forma de arte: si lo hacemos, es porque se quiso hacer y no por nada más. Hacer algo pensando en agradar o desagradar a alguien más es el origen de lo que se denomina comercial y es una ofensa más que un reflejo de nosotros en tanto que no es auténtico (ojo: no confundir dedicar un algo a alguien o escribir con algo o alguien en el pensamiento con la atrocidad recién descrita). ¿Cómo podemos fiarnos de lo escrito si quien escribe no es capaz de sostener que lo hizo porque quiso? ¿Cómo otorgarle credibilidad a su texto, por más elocuente/despreciable/fuerte/subversivo que sea si tiene que justificarse ante sus lectores por expresar lo que ha dejado al descubierto?


El genial acto de pensar: Y si bien, auténtico, cuestiona el lector, es aquello que no es vivido ni sentido de igual manera por otro entonces sólo se ha de poder escribir de lo que se ha experimentado y nada más. No. No es preciso haber muerto para hablar de la muerte en tanto sea nuestra interpretación libre de la misma lo que relatamos en torno a ella. El cerebro humano no es grande por lo que puede percibir y asociar –de hecho estamos bastante limitados en el primer punto- sino por lo que puede suponer, modificar abstractamente, masticar por dentro antes de aprovechar. Por tanto, podemos imaginar (no confundir con predecir) eventos que no son, de nuestra percepción, objeto y modificarlos, sentirlos, hacerlos nuestros, e incluso transmitirlos por varios medios. Ergo, podemos escribir del amor como evento pasado, como evento futuro, como evento atemporal, incluso sin experimentarlo en ese preciso momento. Incluso sin que sea un evento. Es la maravilla de la mente humana, y sólo ella, la que permite jugar (dentro de los límites cognitivos de la experiencia personal) con nuestro universo, a tal grado que puede incluso ponerle un creador al comienzo de los tiempos si con eso desea justificar su existencia, dado que no le baste ser para poder creer que existe…

Saturday, July 26, 2008

Independence day


Por: Perro


Hoy desperté con un sueño extraño, había una chica en mis labios, y un grito ahogado al fondo… era 16 de septiembre. No me atormentó el primer suceso, pero sí el segundo: ¿qué demonios festeja el mexicano típico el 16 de septiembre?


Nada. Este país no festeja nada. El 16 de septiembre es un pretexto para no ir al trabajo, para embriagarnos (como si necesitáramos un pretexto), para construir puentes y hacer nada dos o tres días. Quien asevera que el mexicano es independiente miente al mismo tenor que quien dice que las nubes son de algodón. Se promueve mucho acerca de los Festejos del Bicentenario. ¿Bicentenario de qué? Aquí no existe la mínima idea de quién hizo qué y para qué y qué implicó eso en su vida diaria. Quienes lucharon por sacarnos de la colonia primero y de la dictadura después son hoy molestos objetos de la memorización en las primarias y secundarias y una vez aprobados dichos cursos –¡Gracias Josefina Vázquez Mota, grandísima pendeja, por tus reformas educativas!- se vuelven no más que colonias, calles o delegaciones.


No es éste un llamado nacionalista o un acto patriótico, es una crítica a un pueblo que no le importa la crítica, pues está muy ocupado en sus telenovelas, el reggaetón, el fútbol y si acaso, las palabras mediáticas de una piara de comunicadores a los que les dan el grado de periodistas junto con su traje estampado con el logo de su cadena televisiva –¡qué bonito es cuando saltan las cosas a la vista!-. ¿Qué independencia celebran, si es que acaso saben qué es la independencia? El patético momento en que el imbécil presidente en turno emula la acción de Don Miguel Hidalgo y Costilla al hacer sonar las campanas en el Zócalo retumba en el oído colectivo, sordo por cierto, como una bofetada a cada individuo, una demostración más de que al pueblo
Panem et circenses, y ahí van y le festejan al que ganó la subasta del país por seis años que se vanaglorie diciendo que vivan los héroes de la independencia…


La independencia de la corona española ocurrida hace casi ya 200 años no ha traído mayor beneficio al pueblo de México, un pueblo que fue aplastado por la ignorancia de un pueblo bárbaro que catalogó de bárbaro a un pueblo diferente. De lo que quedó de aquel acto de conquista se erigieron las columnas que sustentaron un país donde la clase y el apellido eran el permiso para hablar. A ese clasismo lo asesinaron las masas movidas por motivos poco entendidos pero que a la postre derivaría en un nuevo cacicazgo donde el motor sería el dinero. Para tener dinero había que juntarse con los que tenían dinero, y hacer favores. Las cadenas de favores provocaban dependencias, y las dependencias se vencían sólo con tratados que se dieron por llamar “compadrazgos”. Entonces, los favores ya no se pagaron con oro, sino con minas: “ahí te encargo a mi hijo, compadre…” y cuando no fue suficiente, entonces con favores administrativos: “¿qué pasó? Pues si somos amigos, ¿no? ¿a poco me lo va a cobrar?”… Llegamos así al descaro de cambiar niños por botellas de cognac y a la realidad de que al pueblo no le importe. ¿Qué puede importarle sumido en su ignorancia y en su indiferencia? ¿De qué le importa si le quitan su petróleo, si venden su país a los extranjeros, si le amputan los bosques para vender sus maderas en el mercado ilegal? De nada, mientras ellos puedan hacer lo mismo a su paupérrima escala. Heredamos de la revolución sólo su nombre para una avenida, porque hoy día, a casi 100 años de su inicio, nunca concluyó y nos dejó deshermanados y truncos. El voto no se respeta, México es un traspatio de EEUU y nuestros gobernantes, regidores y demás cargos –que sólo sirven para hacer favores y generar respeto- hacen con nosotros lo que se les da la maldita gana porque, como pueblo, ni siquiera sabemos qué están haciendo. No entendemos cómo se mueve el país, la economía, la ciencia, y no queremos aceptar la responsabilidad –palabra ligada a independencia, dicho sea de paso- de reclamarle a esa manada de acéfalos que ellos están a nuestro servicio y por tanto deben representar lo que el pueblo quiere y necesita…


La derrota -
Lo triste, es que este pueblo sí está representado (“cada pueblo tiene el gobierno que merece”), y está contento con ello, hasta que le sube el precio a la tortilla, el pasaje o le cobra más impuestos. Sólo a ese nivel. Si venden sus recursos, si cometen una injusticia, no le afecta: “y a mí qué, ¡si yo no soy petrolero!”, “!qué bueno que mis hijos no andan de revoltosos como esos vagos de la UNAM!, ¡bendito dios!”. Se los comen los problemas pequeños, pero no se dan cuenta de que nacen de raíces grandes. No les incomoda porque viven y comen, aunque sea con un nivel deprimente, en esas raíces que los distraen con seductoras florecillas televisivas, con la falsa miel de las promesas y los discursos que nadie atiende pero que si existen “es porque algo están haciendo”.


Copian un modelo gringo y son fáciles de manipular. No hay nada más vulnerable que la ignorancia voluntaria y consentida. Son felices con el mínimo necesario que obtengan con el mínimo esfuerzo. ¿Independencia? Si fluctuamos con el mercado gringo, si dependemos de las remesas que nos envían los expatriados del norte, si no podemos vivir sin el amarillismo, Televisa, TV Azteca, Coca-Cola, la Zeta (¡salvajemente grupera! ), “música” estéril, los domingos con la familia en torno a la cerveza, el América, la selección (¡este mundial si la hacemos! ¡Vamos muchachos!), los tacos de carnitas con todas las tortillas del mundo (’tan resabrosos, ¡éntrale!), el desprecio (“¡pinche indio!” “¡ya quítate el rebozo!”), la falta de conocimiento (“…-Yo no sé leer, pero veo la televisión. -¡Mejor!, va usted a vivir más contenta-… con ustedes, nuestro ex-mandamás Vicente Fox) y tantos distractores de
la realidad grosera que vivimos. ¡ay, Amparo Ochoa, ay, las premisas de tu pueblo!...


Si han de celebrar, auténticos retrasados mentales, un día que engalane su condición, debería ser el 4 de julio o el thanksgiving day, símbolos de un ideal que tanto les ha dado y que tanto les promete, ciegos, tarados.


continuará…

Sunday, July 20, 2008

Con un vaso de pulque en una mano y tu ausencia en la otra

Por: Perro

Te veo, te observo. Nítida imagen de una pesadilla que no tarda en consumarse. Por alguna razón pasa así, he notado que para quienes analizamos demasiado el mayor pecado está en nuestra mayor tristeza: el pensamiento. Y es que resulta traición a doble filo: desmenuza la realidad con la misma facilidad que genera posibles futuros. Una risa con olor a sarcasmo, perdición y alcohol escapa de mi ser. Ya te vi, ya me jodí. Una vez más a pensar: ¿Querrás conocerme? Me acerco y al inicio todo bien (¡Claro! Pues si tú no estás pensando en nada más…). La maldición de la extrema sensibilidad a la belleza femenina –sí, aún consciente de lo peligroso que resulta buscar un poco de ti, me atrevo a deleitarme un poco con tu figura- hace que comience a avanzar torpemente hacia el fracaso.


Observo tus ojos, tu mirada que se antoja tan suave, tan cálida, acompañada de esa sonrisa contagiosa. Tus ojos guardan algo de picardía, de ésa que es esencial en el coqueteo para poderse repetir en la intimidad. Tus brazos se vuelven una extensión irresistible de un cuerpo que deja a la imaginación lo que no le pudo robar al deseo. La voz que emana de tu boca, rematada en unos labios delicados, femeninos, emula el canto de las sirenas y yo, imbécil marinero, zozobro ante el encanto de los sonidos que emite esa cavidad que completa el cuadro de mi perdición. Hablamos y me rematas al decir cantidad de cosas que me llevan a pensar –carajo, esa maldita obsesión por querer poner atención a todo- que no eres cualquier belleza de madrugada, que no eres una mujer para pasar un buen rato (¡ja! ¡Como si quisieras acaso eso!), sino que vale bien la pena esbozar una segunda vista un día que mi razón no se encuentre iluminada por unos agradables tragos de anestesia con hielos.


Bailamos. Bien puedo decir que bailando se llega a uno de dos lugares: a la cama o al infierno. El contorno exquisito de tu cintura que escurre hacia arriba y hacia abajo en mis manos termina con toda posibilidad de salvarme: me tienes a tu disposición. Pocas cosas le son más agradables al paladar de una mujer que tener un hombre rendido ante su belleza, más si se saben bonitas, deseadas, sabrosonas. Disfruto de tu compañía mientras dentro de mí se debaten dos facciones de un mismo futuro cadáver: la que apoya seguir, y la que dicta frenar. La primera en pos de buscar hacer realidad todas esas pendejadas que se le ocurren a uno en los días que sale bien una cosa, por mucho dos, de las que se tenían pensadas –besar bajo la lluvia, un viaje juntos, compartir algún texto, ser sincero y provocar que el mundo no interrumpa tu letanía mientras te das cuenta que hay alguien que ve en ti algo más que tu escote-. La segunda, más sensata, advierte que no existe final feliz cuando se vive sin ningún tipo de censura ni mesura (¿hasta dónde debemos/practicar las verdades? ), cuando se dice sin mayor aviso que enamorarse es renunciar a uno mismo, no en el sentido romántico de dedicar el ser al otro, sino en el sentido adaptativo de olvidarse de la individualidad, de la razón, de las medidas y el instinto –el de supervivencia, claro está- y entregar estúpidamente todo a alguien que le importa lo mismo tu existencia que las lágrimas al muerto.


En fin, cuando presiento que debo preguntar más de ti, más de lo que haces, más de cómo buscarte de nuevo llega una llamada, una invitación a bailar con alguien más, otro trago con alguien conocido o no, tal vez un mensaje al celular, el adiós, luego nos vemos, te cuidas…


7:00 Con un vaso de ausencia y otro de bebida, me trago mis putas palabras de nuevo. Soledad abrazada a mi espalda, besando mis meninges ahora descubiertas por el impacto de un cráneo que fue dejado caer por su poseedor desde las alturas por descuido. Brindamos por otro fracaso que logramos juntos –¡ay, mi querida soledad! ¿Qué haría sin tu presencia?-. Recojo mis despojos, meto a la mochila las palabras regadas aquí y allá, limpio del suelo el vómito de ideas que dejé tras embriagarme con tu existencia. Amanece y el sol se encargará de secar el resto de los sueños amorfos que se ahogaron en los vasos de distintas bebidas…


14:00 No te olvido, pero aprendo a vivir en un mundo donde habitas feliz y yo no existo. Paso el atardecer dando vueltas sobre un eje imaginario bien torcido, preguntándome por qué no pude pedir tu teléfono para corroborar que no merezco siquiera de ése privilegio. Yace mi cuerpo dormido, mi alma caída, mi mente borrosa y la tarde se anida en mi grosera figura, y trata de cicatrizar toda evidencia de lo que anoche pudo haber pasado.

Friday, July 18, 2008

De palabras y caminos (Líneas a Latinoamérica, Vol. 1)

Por: Perro


Qué raro, pero qué cierto: sí se puede añorar lo que nunca fue nuestro. Porque hay lugares donde ser es estar, sólo estar.


Porque uno no es extranjero en casa, porque el hogar nace donde se es sólo por estar


Si no vuelvo… ¿cómo? ¿No vuelvo?


¿Cuándo me fui? ¿Cuándo, si apenas es que he llegado?


Si no vuelvo es porque nunca me fui, porque para irse es preciso haber estado. Y para haber estado debió bastar haber sido.


Si vuelvo es porque me encontré fuera y me traje a casa, desde adentro de la misma


Si vuelvo es porque quiero que mi casa sea parte de lo que hoy conozco como hogar


¡Tanta razón que tiene el dolor de extrañar lo que nunca ha sido!

Tuesday, July 15, 2008

Por qué todo ser humano necesita afecto (el efecto gossip)

Por: Perro

Cuando decidimos bajar de los árboles, movidos por quién sabe qué motivo, los lazos de unión grupal provocados por el acicalamiento se vieron minimizados. Estos lazos permanecieron y sólo cambiaron de manifestación: de un lazo físico a uno auditivo. Es la sensación de saberse acompañado, la sensación de concebir que hay alguien más allá afuera y que nos da la seguridad de no estar locos o la de no ser sólo un mal sueño en la cabeza de algún retorcido, esperando que despierte para desaparecer.

¿Por qué nos gustan las caricias?

Cuando el lazo físico desaparece –evolutivamente en el momento en que perdemos la cola y descendemos de los árboles, ontogénicamente cuando perdemos la dependencia absoluta y descendemos de los brazos de nuestra madre- el único consuelo, la única reminiscencia que queda del contacto estrecho, es la palabra.

Se dice que no hay peor tristeza que el ser ignorado, saberse perdido (“hoy morí en la mente de quien ya no me recuerda”). Por eso peleamos, porque pelear es cuestión de dos y la palabra funge como lazo, como intermediario. Porque cuando lo físico es rebasado por las distancias, no queda más que la palabra. De ahí el éxito de los celulares (para más información sobre los peligros que conlleva el uso de celulares, remítase el lector a: http://lastierrasyermas.blogspot.com/ ), la larga distancia, y ahora, la palabra escrita a la usanza del siglo XXI: el internet. Las horas interminables de madrugada que tratan de disminuir el espacio alargan la conversación.

Pero la vida del hombre coloca más barreras conforme consigue evadir las anteriores y muchas ocasiones las necesidades de romper barreras son aprovechadas por la mercadotecnia para elevar costos y cimentar nuevas barreras que conformarán las nuevas necesidades de una generación vacía por la lejanía biológica que desesperadamente trata de estrechar la distancia, por lo general sin mayor éxito que los minutos de tiempo aire que puede comprar.

Hace entrada triunfal su majestad, la red (Internet para los cuates), con una palabra más fría, que sustituye emociones y expresiones con emoticones, que genera toda una nueva gama de relaciones y situaciones biológicas de potenciales cruces otrora imposibles hoy se concretan en sitios y programas virtuales. Es la desesperación innata por no sentirse solo, por saber que allá afuera, habitan otros seres con necesidades como nosotros.

¿Es, acaso, el destino de nuestra especie, conocer cada vez más personas a costa de saber cada vez menos de cada una de ellas? ¿Perder la relación estrecha en pos de una red de “amigos” cada vez más y más grande? Hacía un millón de años nuestro grupo, nuestro mundo, era de 50 individuos. Hoy, cruzamos miradas con millones de individuos en nuestra vida, palabras, correos electrónicos, entradas en blogs (como este mismo) con miles, abrazos y besos con unas decenas, pensamientos con dos o tres y sentimientos a veces ni con uno mismo.


Un apunte: Si te dejas peinar, entenderás por qué es tan feliz un perro al que acarician. Uno busca contacto de cualquier forma, pero el contacto más rico, por lo físico y por lo que significa, es la caricia. Nada como una caricia despreocupada que no sepa de moral y que no entienda de prejuicios. Suave, reconfortante, relajante. Una delicia, y más si viene de alguien con un mínimo de aprecio (sentimiento de pertenencia = seguridad). Gran fenómeno, y regresamos a las ramas…


A modo de corolario: Un beso es una caricia que se da con los labios…