jueves, octubre 28, 2010

Epílogo (100 000 años después)

Por: Perro

Tanto tiempo, tantas batallas, enfermedades, tantos trayectos. Nos quedamos con el fuego, con la tierra, con la vida, el dolor y con la muerte. Salimos del ruido y conocimos el silencio.

Cambiamos la libertad de no poseer nada al hambre de poder, a la contradicción de tener más para comprar más para hacer más para tener más… y llenar con materia los vacíos internos.

Y caímos en cuenta demasiado tarde de que no éramos centro ni del universo, ni del sistema solar, ni del planeta, ni cumbre de nada. Unos colonizaron y otros lo padecieron. Y lo siguen haciendo, los unos y los otros.

Se perdió la noción de día y noche. La noción de dentro y fuera. Cayeron las identidades y de pronto nos encontramos trabajando para satisfacer la demanda creada por el sistema que nos impuso necesidad de demandar. Todo para que el mundo funcione para unos cuantos.

Debí haber trabajado menos, analizado menos, vivido más. Debí haber confiado más, criticado menos, llorado menos. Viajado más, llegado más lejos, dormido menos. Ser más congruente, tener menos miedo, quejarme menos. Debí haber muerto más veces. Y nacido más de una. Arriesgado más, caminado más, protegerme menos. Haber vivido más amaneceres y contemplado más atardeceres. Olvidado más para extrañar menos. Escuchado más y cuestionado menos, pero aprendido más. Debí haber leído más y escrito menos.

Lástima que todo se aprende sólo después del final.

Nadie lo planea

Por: Perro

Un día piensas en una persona y no vuelves a dejar de pensar en ella toda la vida. Los eventos diarios, las tardes lluviosas, el pan con café, esa cotidianeidad de todos los días que nunca son iguales, se vuelven magia. No hay inicios ni finales escritos. Ni andares tampoco. Amar no es ceder lo que queremos, sino ceder lo que no podemos. Dedicar lo valioso para el otro, no para uno mismo. No es esperar a ser rescatado, ni salvado. Amar es complicidad. Es un viaje asintótico hacia una utopía sin destinos. Es la delicia de los detalles efímeros que perduran eternamente en la memoria de sus actores. No es el reto, ni el producto, es el trayecto. No es el beso, sino añorar los labios que lo dieron. Es la autenticidad de la puesta en escena ante el otro y que el mundo, espectador o no, no exista.

También es dejar ir cuando se precisa, esperar el regreso o al menos la despedida. Es aceptar que si erramos, es porque estamos vivos. Es decidir enamorarse de los desaciertos en el entendido de no querer extrañarlos. Es enfrentar la vida y regresar de las batallas diarias al refugio que se provoca en el abrazo. Es atreverse a hacer frente a miedos, a incertidumbre, a perdonar. Y es procurar no lastimar, con la conciencia de que el desconocimiento de la mente del otro puede hacer que a veces lo hagamos. Love bites

jueves, octubre 21, 2010

La cápsula del tiempo

Por: Perro

Hace unas semanas, el representante (constitucional –jajaja debe ser constitucional robar- dicen) del gobierno federal, orgullosamente enterró (lo que mejor sabe hacer) una cápsula del tiempo para que el mexicano del futuro (quien quiera que ése sea –en caso de que exista-) pueda ver cómo era el país en estos momentos.

Si, haciendo uso de la ficción, hubiera hecho usufructo de la evidencia objetiva y el status real del país, esto es lo que encontraría el desdichado ser producto de nuestros errores y crasos aciertos:

• Cabezas de servidores menores del narcotráfico
• Armas manchadas de sangre inocente
• Promesas electorales jamás cumplidas
• Mensajes de Twitter acusando lo aburrido que es ser servidor público
• Declaraciones de los encargados de las comisiones de la Cámara de Diputados sobre los dialectos de otros países cuando ni siquiera entienden la importancia de la pluralidad en su propio país
• Un panfleto propagandístico con una candidatura armada desde las oficinas de uno de los integrantes del duopolio televisivo que mantiene a la masa poblacional absorta, no participativa y en una calma comatosa
• La despedida al Jefe Diego
• Una fotografía de Salinas, el cardenal Rivera, la maestra Elba Esther, y otros monstruos que la sociedad mexicana en su letargo ha decidido engendrar y dejar vivir
• Un video de la selección mexicana de futbol
• Volantes del Teletón con la cara de algún niño cuya situación desafortunada es la imagen perfecta para explotar la buena voluntad de aquellos que quieran limpiar sus pecados donando parte del dinero que no poseen a una causa que incrementa la brecha entre los que no tienen y los que quieren más
• CDs piratas con música representativa de la nación: reggaetón, Paulina Rubio, Arjona, Luis Miguel, RBD, Sin Bandera…
• Grabaciones con los grandes filósofos y literatos que aclama nuestra sociedad: Toño Esquinca, Mariano Osorio, el Panda, Adal Ramones, Omar Chaparro, Yordi Rosado; y críticos y sagaces periodistas: Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Javier Alatorre, Pedro Ferriz de Con, y la talentosa Adela Micha, entre otros más
• DVDs con los estrenos que apenas iban a cartelera antes de que enterraran la cápsula
• Billetes adornados con personajes importantes de la historia del país, que pocos conocen, y no sólo por la falta de éstos en la economía habitual del mexicano, sino por su carencia de interés en la historia
• La portada de algún diario con titulares que aclaman la violencia, a la mujer más bella del mundo, al hombre más rico del mundo, al imbécil más grande y pequeño del mundo –al mismo tiempo- y a los servidores públicos más descarados, incompetentes, desidiosos, faltos de compromiso y minimentales del planeta
• Presos políticos y desaparecidos, para que cuando los encuentren dentro de muchos años, se reconozca la labor del gobierno que tuvo el acierto de preservarlos como parte de una historia desastrosa, nuestra historia.