jueves, julio 29, 2010

Absolutamente necesario

Por: Perro

Abolir el nacionalismo villamelón
Boicotear los intentos de privatizar lo que constitucionalmente es del pueblo
Sabotear la propaganda a favor de una cultura del miedo
Obstaculizar el desarrollo de proyectos que únicamente beneficien a transnacionales
Luchar por educar
Unir fuerzas en momentos de crisis pero más aún, en momentos de no crisis
Terminar los tratados internacionales que no convengan a nuestro desarrollo
Abstenernos del consumismo desmedido
Mantener relaciones con Latinoamérica
Exigir resultados
No quedarse estancado en la “información” que se vende por televisión
Transmitir el valor de nuestra cultura prehispánica
Enjuiciar a la clase política que nos ha llevado al fracaso

No promover la ilegalidad
Escuchar las demandas de los pueblos indígenas
Cazar al fraude
Explorar nuevos horizontes energéticos, económicos, turísticos, académicos…
Sabernos libres
Autocrítica
Reestructurar el sistema educativo del país
Inventar un nuevo orden social
O seguir muriendo como hasta ahora

Tiempo, relativo tiempo (Depende)

Por: Perro


Eran las 8:30 y ya son las 11:30 (tú, yo, las sábanas y que el mundo gire)
Eran las 20:00 y ya son las 02:00 (la conversación, el aire fresco, los nervios de los primeros ensayos)
Eran las 18:30 y apenas son las 18:34 (la espera)
Eran las 10:00 y ya son las 10:14 (tarde a clase)


Era lunes y ya es lunes (y ya te vas)
Era viernes y ya es lunes (otra semana sin ti)
Era viernes y ya es domingo (de farra)
Era lunes y ya es miércoles (los pendientes)
Era domingo y apenas es lunes (en vigilia para verte de nuevo)
Era lunes y sigue siendo lunes (y las instrucciones a seguir)


Era 03 y ya es 30 (los pagos, los plazos)
Era 31 y ya es 12 (¡ya se acabó el sueldo!)


Era enero y ya es diciembre (el pasar de los años, y los logros y los asombros y las tristezas y las ausencias y los fracasos)
Era abril y ya es julio (el sueño)
Era junio y ya es junio (¡pasó el año!)
Era julio y sigue siendo julio (los caminos, tangentes)
Era noviembre y ya es agosto (de un lado a otro)


Era otoño y ya es invierno (y el frío)
Era primavera y ya es invierno (todo inicio es fin, es inicio)
Es verano y sigue siendo verano (y sigue el mismo barco)


Era 2001 y ya es 2010 (y pasan los años y las generaciones y al mismo tiempo no pasa nada)
Era 1999 y ya es 2009 (tantas mutaciones)
Era 1980 y ya es 2000 (¿se acabó el siglo?)
Era 1968 y ya es 2008 (y seguimos empeorando)
Era 1810, y luego 1910 y ahora 2010 (y el cambio sigue en espera)
Era 1810 y ya es 2010 (cambio de dependencia)
Era 1934 y ya es 1994 (de una promesa a un fracaso)
Era 2010 y sigue siendo 2010 (arriba, abajo…)
Era 0 y ya van miles…

Hace 100 000 años y ahora: ¿Qué no ha cambiado? Los mismos continentes han seguido los pasos de nuestra especie empecinada en saber segundos y horas y días y años… en tratar de cazar al tiempo, de domar el paso de los segundos, horas, días, meses, años... y ¿de qué ha servido? El afán de permanencia sólo nos ha atado permanentemente a arrastrar medidas que no entendemos, que no precisamos y que se forjaron en una estructura necesaria pero hasta cierto punto determinista.

Cartas a Vianney. Vol. I

Por: Perro


c. 1874


Querida Vianney:



Dos días después de mi partida, te escribo con la esperanza de volverte a ver a mi regreso. Meses hace ya que no te veo. Hoy te confieso, acaso animado por esa separación: sí, algún tiempo estuve enamorado de ti. Pero era más el miedo de un “no” que la esperanza de un “sí” lo que albergaba mi corazón.

No importa, ahora mi amor le pertenece a alguien más. La conocí una tarde calurosa que, movido por no sé qué razón, le acepté unos tragos al destino.

El crepúsculo selló nuestras miradas y una luna ebria fue testigo del pacto que acordaran nuestros besos.

Pensaba que sería todo (en verdad me agrada la chica). Pero apenas un par de días después la topé de nuevo cerca de la librería del pueblo. Lucía absolutamente hermosa. Me ofrecí a escoltarla en su carruaje hasta la hacienda que hace las veces su vivienda. Renuente al principio, terminó por acceder y me dio permiso de compartir otro atardecer.

¡Oh, Vianney! ¡Si fuera posible acaso plasmar en estas líneas tan groseras que escribo las sensaciones que prosiguieron! Al despedirnos, el roce con su mejilla y su aliento a yerbabuena fueron implacables. Fue menester sucumbir a sus brazos. Y sus labios. Jamás olvidaré ese momento de total entrega a la pasión. Lentamente nos alejamos y mientras cruzaba los jardines hacia sus aposentos, yo me retiraba por el polvoroso sendero, aún maravillado por tan frágil encuentro.

He de decirte, Vianney querida, no sin miedo pero muy felizmente, que me encuentro en situación de amor. Sólo espero no equivocarme.

He partido por encargo de un General a tierras lejanas. No la veré por espacio de unas semanas. Ni a ti, mi confesora predilecta. Envío esta carta en un convoy de regreso al pueblo, sin saber si será entregada, leída o contestada. Al menos, pensada.

La chica tiene un nombre extraño, dulce, sonoro. No tiene sentido escribirlo, pues está en alguna lengua extranjera.

Seguro la ubicas. Ve por ella, que no le falte nada. Sólo busca a la más bella de la librería. Tú me decías que había más mujeres en el mundo que botellas en aquella cantina que una vez nos vio dialogar. Te digo en verdad que no quiero saber de más botellas, ni cantinas. Encontré el más dulce licor en sus labios y embriagó mi vida con su mirada.


Será suerte toparme contigo a mi regreso.


Sin más que agregar, se despide tu seguro amigo,


[Ilegible]

Al vuelo

Por: Perro

En algún lugar sobre el Pacífico, se observa un atardecer como no hay igual. Una luna llena brilla plena sobre la ahora ventana de mi habitación.

Kilómetros y horas separan nuestras existencias; sin embargo, aún te siento cerca. Tu beso cálido, dulce, preciso, permea mi recuerdo mientras guardo en mi mente la transición al cielo nocturno.

La imagen de tu mirada clavada en mis ojos, tu cintura en mis manos, la forma en cómo tu cabeza reposa en mi hombro, tu respiración por la noche, la vista de tus caderas y el pelo suelto que baña tu espalda, tus manos, tu voz al saludo y que pronuncies mi nombre, el olor de tu cuello que inunda la habitación al amanecer, el aroma a batalla que conservo hasta el momento de la ducha, la caricia que reconforta, tu boca cerca de mi cuello, mis labios que buscan tu oreja, la pasión que encierran nuestros abrazos.

Hoy es así. Esta noche me extrañas, esta madrugada despertaré con tu imagen en mis sueños y tu nombre atrapado en mi garganta. Ahora hace frío por no estar a tu lado. En estos momentos soñamos con futuros y proyectos y vidas y recuerdos.

Sabemos que el camino que se abre a nuestros ojos no es ni fácil ni en todos los casos, eterno. Que una relación real y tangible, de ésas que trascienden al momento efímero y a la casualidad de las circunstancias no se basa en lo meramente fisiológico como tampoco en lo esencialmente utópico.

Implica al menos ser cómplice, poseer un sentido tácito de pasión por la felicidad del otro, entendimiento de que el mejor plan es la espontaneidad y que el régimen de mayor éxito es la libertad. Castigar el sentimiento de egoísmo y posesión cobre el otro, atender a los espacios y los tiempos que se comparten y que se viven por separado, suele ser clave para el desarrollo de quien participa en una relación así.

Y la plena conciencia de que en todo momento está la posibilidad de que un tercero más afín aparezca en escena.

La apuesta es arriesgada. De todas formas, al final de todo, la vida se pierde.

Qué mejor fortuna que compartir una parte a tu lado, sin guerras entre nosotros que no sean las libradas en un campo de sábanas. Qué gusto encontrar que el refugio a las luchas diarias está en tus brazos, en tus labios y en tu cabello que me produce cosquillas en la cara al dormir.

Que dure el trayecto lo que tenga que durar. Que al final del mismo, sea una playa o un abismo, nos demos la mano, convencidos de que “para siempre” también tiene un final, y que éste fue ortotanásico y no un cierre banal.

Pero la condena del futuro no merme la intensidad del estado actual. Mientras siga amando tus defectos no habrá necesidad de añorarlos. Mientras conciliemos el momento utópico juntos con la apabullante realidad que nos obliga (invita) a separarnos, pelear por minutos a tu lado seguirá siendo un placer. Estaremos juntos tanto tiempo como el gusto de estar juntos sea más intenso que la necesidad de estar juntos. Estaremos juntos mientras las coincidencias y las diferencias que nos unen mantengan un balance que permita dialogar son aburrirnos y sin hostigarnos.

Esta noche te propongo algo más profundo que un noviazgo, más significativo que un matrimonio, más fuerte que una firma y más valioso que nuestras vidas por separado. Esta noche te propongo que antes que nada, seamos amigos, por la confianza sin testigos. Que seamos equipo, porque siempre jugar solo es desventaja en un mundo tan peligrosamente gregario. Que seamos cómplices, pues táctica perfecta resulta la emboscada planeada desde un punto de vista alterno que el enemigo no vislumbró y que tú no sólo viste, sino me compartiste para una victoria aliada.

Relatos de un cerebro desmielinizado. Vol. 01.

Por: Perro


Corría la lejana tarde. Un calor de ésos que ese torna insoportable sin una cerveza. Aún un poco dañado por lo sucedido anoche, veo la polvareda que se esfuma a lo lejos en los pulmones de los transeúntes y pienso en ti. Doce horas antes te oía, te sentía, vivía.

Un cigarro se escurre hacia mis dedos y lo enciendo lentamente mientras trato de olvidar los detalles y continuar con lo pactado. Se aviva el fuego en el tabaco con cada inhalación como mi pulso cuando recuerdo tus besos.


A pesar de tu camino (y a veces pienso que a pesar tuyo) sigues sabiendo un poco a inocencia. Esa delicada lentitud en los momentos que suceden al contacto con tus labios sabor a cerveza y a pecado me tortura porque la adicción no conoce la saciedad; sobra decir con que ésta no se calma con probar para matar la curiosidad, sino que es la segunda quien, si se ve satisfecha, no s recluye a una vida de búsqueda de nuevos y cada vez menos efímeros contactos con el origen de su origen.


No te culpo. No era tu elección ser mi pasión. Y lo lamento. Ojalá no fuera yo tan desagradable. Tu fortuna es no tener que vivir de nuevo ese día. Mi desconsuelo es el mismo. Tómalo como una buena acción sobre un viejo borracho que no lo valía, pero que lo aprecia.


Gracias por dejarme ser un sucio error en tu camino.


Eu gosto de vocé. Muito.