domingo, enero 17, 2010

¿Cuánto daño?


Por: Perro


Sientes mis brazos alrededor de tu tronco

El calor de mi aliento en tu espalda

Cierras los ojos y hueles mi piel


El sudor de las palmas de tus manos se unta en mis antebrazos

Un beso coqueto en tu cuello

¿Qué te cuesta regalarme una tarde?


La parte baja de tu espalda se aprieta contra mi

Mientras se derrite tu cintura

Muerdes tus labios mientras sientes cómo me deslizo por debajo de tu blusa


Y llego a lo más recóndito de tu exquisito ser

Y sientes ganas de llorar por lo que has dejado de lado esa tarde

¿Crees ahora que la barrera es infranqueable?


Tus labios rosas dejan en claro lo que deseas

Pero tu cuerpo duda en lo que siente

Piensas haber perdido, ¡qué decepción!


La cercanía nos disuelve

Te quiero más de lo que te deseo

¿Será que podemos prolongar lo instantáneo?


¿Crees que yo no tengo miedo? ¿Acaso soy inmune al fracaso?

Ni siquiera me considero probable para ti... ¿Cómo no habría de temer siquiera mencionar mi sentir?

Deja de enamorarte, Vol. 4, ver. 2.0



Por: Perro


No importa cuánto te alejes

No importa cuánto te atrevas a acercarte


Ya no importa nuestro pasado, como el de quien pide perdón por haber matado


Si pudiera estar, si pudieras quedarte…

Si el mundo fuera más grande, el día más corto, la noche más larga


Si los errores no fueran sino aciertos momentáneos

Si los besos no fueran condenas

Si las canciones fueran eternas


Y aún así, la pregunta que se extingue en el silencio que separa

Y mis palabras que se agolpan a la salida de una garganta cerrada


¿Sería posible?

Traición



Por: Perro


No fueron tus besos

ni tu partida


No era el calor de tu cuerpo

ni la hora de la comida


No fue tu pasado

ni los errores acaso del futuro


No fue tu mano escurridiza

que le temió a una experiencia poco probable


No fue el comentario ajeno

ni la oposición airada


La traición fue

no haber dado oportunidad a que algo distinto pasara

sábado, enero 16, 2010

Donde quiera que estés


Por: Perro


A.

Una tarde soleada, se cuela la luz por entre las persianas, huele a abril. Recostada en mis brazos, a un metro y medio de mí veo tus calcetines que se amoldan perfectamente a tus pies, meciéndose felizmente por entre la brisa. Una película que se hace absurda conforme el momento avanza y el tibio calor de tu cuerpo me atrapa. Tu cabello cae sobre mi pecho, tranquilo, porque no hay nada mejor qué sentir que ese instante. Te arrullas y te duermes. Afuera puede ahora caer una tormenta, su frío no atacará mi corazón esta noche.


B.

La sierra se abre inmensa ante nuestros ojos. El esfuerzo, lo improbable, el universo. Secas el sudor escaso que recorre tu frente, el viento sopla más fuerte a esta altura. Alcanzo a percibir esa mezcla de tu olor corporal con desodorante para mujer, un poco del perfume que siempre dices usar, las hierbas, el polvo. Un rato de descanso, se ven coches en la carretera que pasa unos 5 Km más abajo. Te inclinas y me abrazas. Cuando te separas, lentamente te tomo de la cintura y te pego a mí. Me propinas el beso más cálido, más afectuoso que he sentido en esa tarde. La mochila a los hombros, el cielo de telón. A distancias increíbles de lo que conocemos, a horas de lo cotidiano, a días de nuestras angustias, me queda claro que nuestros caminos nos han llevado a disfrutar ese pequeño instante de felicidad, juntos. Hasta el agua sabe exquisita para este paladar borracho. Otro beso, y nos encaminamos hacia abajo. Tal vez alguien nos proporcione un viaje gratis rumbo a nuestro destino, enclavado en ninguna parte.


C.

La suave piel que cubre tus hombros sobresale por los bordes anchos de la parte superior de tu suéter. La playa, a unos 300 metros del lugar donde nos hospedamos. Ni es un sitio turístico, de ésos que acostumbras, ni es el mejor hotel de la región, ni eres tú el retrato de la modelo de revistas que sueles ser, ni yo soy el galán digno de la escena. El atardecer se mezcla con esa linda mirada, 49% inocencia, 51% picardía. Resultado: te ves coqueta, sensual, insoportablemente bella. Tus bermudas azules apenas se distinguen del mar cuando llegamos a la playa para robar los últimos instantes de ese paraíso espacio-temporal. La espuma de las olas cubre tus pies y da un toque especial a la escena. Tú ni lo sospechas, y yo no lo consiento, pero estoy enamorado. Mientras chapoteas suavemente, me acerco más y más, hasta alcanzar a rozar tu figura con mi codo. Volteas un poco extrañada. Te tomo de la espalda, y suavemente giro tu figura hasta que quedamos frente a frente. Es mejor no decir nada en una situación en la que lo efímero del instante se vuelve el escudo perfecto para un acto de locura. Te beso, me besas, y tu mirada me indica que ese lugar nunca será el mismo de nuevo, y que es verdad que el tiempo nunca corre hacia atrás.


D.

Mientras la música se agolpa en las paredes internas del cráneo, el vino corre por las venas, olores clandestinos se filtran por entre nuestras fosas nasales. La noche fría es el pretexto para dormir sin ropa. Sólo un beso es capaz de encender el cielo. Te toco, te percibo. Tu voz emite pequeños cantos que terminan con mi nombre y acaban con mi angustia. Tus uñas juguetean en mi espalda en la escasa luz que baña nuestra desnudez. The Beatles, The Doors, Joaquín Sabina…

El sueño termina por vencer la noche, el amanecer nos encuentra abrazados. Malditos ronquidos, creo que tu sueño no fue tan placentero como el mío. El olor a desayuno anuncia el próximo descenso en la realidad de la ciudad.


E.

Tú.


F.

Lo mismo un partido que la lectura, un concierto que el teatro, el viaje que la noche, la fiesta que la mañana, la comida que los besos, el tequila que la pijama, las distracciones que las caricias, tu perfume que las prisas, la película que el frío, los días malos que el museo, las experiencias que los sueños, la incomodidad que los recuerdos, las clases que el transporte, el sudor que el café, tu piel que la conversación, tu enojo que la tarde, tu vida que la mía y dos caminos que se encuentran…