viernes, octubre 03, 2008

3 de octubre



Por: Perro


En el colmo de la falta de memoria histórica del colectivo de colectivos que habitan Mezxicco (literalmente: “lugar en el ombligo de la luna”), los eventos que definieron una generación, una postura –en su momento- de la máxima casa de estudios de nuestro país, el entorno sociopolítico de un México que adolecía de fragmentación y que portaba una máscara ante el mundo –los XIX Juegos Olímpicos de México 1968-, han muerto. Los han asesinado vilmente al dar el “carpetazo” al caso de México 1968. El imbécil en turno en la silla presidencial de este país de mentiras y contrastes ha permanecido a la expectativa y no tiene los pantalones para reabrir un expediente que por demás no lo afecta: simplemente desea que el país siga sumido en la mentira, en la desinformación, en preservar “intacta” la visión que se tiene sobre el ejército, el uso de la fuerza militar (a favor de la defensa del pueblo, dicen) y de los mandatos presidenciales de este país. Aún cuando Amnistía Internacional ha pedido que se examine a detalle el expediente y se aclare lo sucedido, poco se podrá hacer pues no se puede confiar en que lo que se entregue sea verdaderamente el registro de los hechos, sino una novela donde las versiones se contradicen y al final un pueblo feliz es salvado heroicamente por nuestras Fuerzas Armadas de la subversión, el alcoholismo y la drogadicción que caracterizan a los “44” (si, la versión oficial es 44) “fallecidos” (porque tampoco se espera que digan los hechos con todas sus palabras: ASESINADOS) en la Plaza de Tlatelolco aquella tarde de 1968.


México, DF, 2 de octubre de 1968, 18:00

Un grupo de estudiantes, trabajadores, amas de casa, y otros animales peligrosos para el país (¿Será que en ese momento también se les adjudicaba la frase “Un peligro para México”? tal vez por eso no se quiere exponer el papel al aire…) se reúne en la plaza de Tlatelolco para apoyar el movimiento del Consejo Nacional de Huelga a diez días del inicio de los Juegos Olímpicos de México ’68 que fueron ingeniosa y apropiadamente llamados “Los juegos de la Paz”, quienquiera que Paz sea. Al oscurecer, un grupo de héroes disfrazados de villanos por unos pocos entraron triunfalmente en la Plaza de Tlatelolco y lograron abatir al lastre social que representan los estudiantes en nuestro amado México. 44, 500, da lo mismo, total, ni quién vaya a recordarlos en unos años. El movimiento del CNH, que en ese momento tuvo todo para asegurarse un escaparate internacional para poner en manifiesto la situación del México de aquel entonces, vendió su fuerza en un pacto de “no manifestaciones” del 12 al 28 de octubre y la ciudad se mantuvo sitiada por militares y turistas, dando lugar a que se enfriara el pueblo, el coraje, la tristeza, y a cambio, nuevamente, Panem et circenses y después, Luis Echeverría, asesino no confeso, pudo llevarse como recuerdo el haber organizado las Olimpiadas más sarcásticas de la historia: celebrar el espíritu humano y la convivencia pacífica de muchas culturas en torno a un evento que había sido manchado por sangre de estudiantes, amas de casa, trabajadores y otras molestas criaturas de un inframundo que fastidian con su presencia a las clases económicas media (hoy extinguida) y alta de un mundo que no entiende lo que no vive.


México, DF, 2 de octubre de 2008, 18:00

Ha cambiado el mundo. México recuerda con unos cuantos a los asesinados en 1968 en la tristemente célebre Plaza de las Tres Culturas y la masa actual, más preocupada en cómo llegar a sus sitios de trabajo, esparcimiento, encuentros sexuales, descanso o perdición maldicen a los revoltosos que taponean las calles con manifestaciones sórdidas. Muchos de los habitantes de nuestro México no saben ni qué es la matanza, ni qué es la UNAM, ni por qué se recuerdan los hechos, ni qué tiene que ver eso con nada más de sus vidas, ni habían nacido y menos les interesa. Viven y estudian, algunos de esos, en la Universidad Nacional Autónoma de México y no sienten el peso que conlleva ser parte de esa comunidad. No entienden que ser parte de la UNAM no es sólo prestigio académico sino honor de cargar con toda la historia de millones de personas que han pasado por sus pasillos, que han colocado las rocas con que se formaron sus cimientos (en todos los sentidos) y que en algún momento pudieron ser la base de una nueva sociedad mexicana y hoy parece ser que han renunciado a ello en pos de un estilo de vida más ligero, más seguro, más despreocupado. Otros más recuerdan el 2 de octubre como el día en que por fin México logró el campeonato del mundo de fútbol (sub-17) y por ello sienten que es un motivo de orgullo y festejo, que las tristezas pasadas deben olvidarse y que es una muestra de cómo el deporte siempre ha estado presente en la historia del mexicano (me pregunto cómo un país con 10 millones de diabéticos y 30% de población con sobrepeso puede verse tan marcada por eventos deportivos… aaaahhh!!! Claro!!!!! Gracias Sabritas, Grupo Modelo, Maseca, Coca-Cola –Siempre en los grandes eventos [no veo ningún camión de Coca-Cola en las fotos de la masacre del ’68… mentirosos!]-, Pepsi, Wonder, Bimbo…). En el ’68 no mataron sólo 500 personas, mataron la esperanza de un país unido, una base social responsable y cauta, mataron toda posibilidad de crecimiento y dejaron en terapia intensiva (más bien en coma) la posibilidad de contar con una identidad para un México que hoy no existe. Somos el patio trasero de un imperio mediocre gobernado por la cultura del miedo y la desconfianza que colinda con Guatemala y Belice a quienes, de no ser por el fútbol –y por el gran poeta Ricardo Arjona-, el pueblo no conocería. Hoy ser de la UNAM implica ir a los partidos de los Pumas, tener para el carro y la gas, weee, porque como no pago colegiatura, weee, pues nos vamos a Cuerna, no, weee? No existe ya la consciencia social de los estudiantes, y poco a poco se pierde la esperanza de que renazca cuando aún su cuerpo académico pretende olvidar lo que es el ideal y el espíritu de la que es, según, la Universidad mejor posicionada de Latinoamérica. ¿Acaso nadie puso atención? ESTUDIANTES, AMAS DE CASA, TRABAJADORES, apoyando un movimiento de maestros y alumnos de los “rivales” IPN y UNAM. Pudo haber marcado la consolidación de un sector de este país. Hoy, a nadie le importa.


¡Por mi raza hablará el espíritu! Y vaya que tendrá mucho que decir… pobre raza, pobre espíritu…